Perfil del cuidador informal del adulto mayor: un estudio comparativo entre Puerto Rico, México y Colombia

26 pontificia universidad católica de puerto rico Ante el escenario antes descrito, y a medida que aumenta el envejecimiento en Latinoamérica y el Caribe, la situación conlleva a que más familiares desempeñen el rol de cuidador para atender las necesidades del adulto mayor. Esto, frente a la necesidad de una persona que colabore o se encargue de atender los aspectos relacionados con la atención diaria del adulto mayor. Considerando la limitada situación económica de múltiples familias latinoamericanas y caribeñas, la figura que asume el rol de atender estas necesidades es la del cuidador familiar o informal. Este término se utiliza para describir a la persona que se encarga de brindar el apoyo físico, emocional y ayuda en las tareas diarias a un adulto mayor. Esta asistencia o apoyo puede requerir un período de tiempo específico o se puede tornar de forma permanente. Generalmente, el cuidador informal suele ser un integrante del núcleo familiar primario que dedica parte de su tiempo y esfuerzo para facilitar que el adulto mayor se pueda desenvolver en la vida diaria (Jiménez Ruiz y Moya Nicolás, 2018). Esto lo hace de forma comprometida y recurrente en tareas que se van modificando a medida que progresa y aumenta el grado de dependencia del adulto mayor (Castellano Almeida, 2015; Navarro et al., 2017). Según Muñoz et al. (2019) los integrantes de la familia que asumen este rol suelen ser féminas con una edad promedio de 51 años, no casadas y de bajos ingresos económicos. Estos cuidadores, aunque poseen estudios académicos, no cuentan con la preparación en las tareas de cuidado. La preocupación por cometer un error en el cuidado provoca síntomas de ansiedad y depresión. Esta situación puede originar en el cuidador conductas irritables de agitación psicomotora y reacciones negativas como tristeza, frustración, apatía y sentimientos de minusvalía que deterioran su sistema cognitivo. Estas conductas, a su vez, influyen negativamente en su desempeño, sus motivaciones y la calidad del servicio que le brinda al adulto mayor puesto que se siente sobrecargado como consecuencia de sus tareas y responsabilidades (Cerquera et al., 2014). La responsabilidad diaria que requieren los cuidados y atenciones de una persona dependiente incide en el bienestar del cuidador (Jiménez Ruiz y Moya Nicolás, 2018). Según Flores et al. (2012), el cuidador se ve afectado en su estado de salud, su bienestar y se siente incapaz de afrontar esta responsabilidad. De esta manera se convierte en un paciente oculto que requiere atención inmediata y, ante esta sensación de agobio, puede presentar ansiedad y depresión.

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