Revista Horizontes: primavera/otoño 2011 | Año LIV Núms. 104-105

54 “Extendió el número de los compases, perfeccionó la modulación, alzó a su mayor altura la cadencia; y como nuevas formas en las artes requieren indispensablemente nuevos medios de expresión, exaltó la preeminencia del clarinete y dulcificó, idealizó y glorificó esa humildad: el bombardino”. En otras palabras, Morel produjo una revolución en la música boricua. En ese respecto, Fernando Callejo (1971) sostuvo que Morel “Cultivó todos los géneros de la composición; pero el público, que en general sólo conoce sus danzas y alguna que otra didáctica, ignora que, en el género religioso rayó a gran altura, dejando escritas, entre coros, misas, gozos, salves, letanías y plegarias, más de 60 obras, sin contar las alegorías fúnebres, muy sentidas y de gran valor orquestal”. El genial pianista Jesús María Sanromá, en ocasión de las danzas morelianas grabadas por él para el Instituto de Cultura Puertorriqueña en 1982, se expresaba en los siguientes términos: “Las danzas de Juan Morel Campos se pueden comparar con las danzas húngaras de Brahms, con las mazurcas de Chopin, con las canciones sin palabras de Mendelsohn; y el análisis de sus formas con el juego que se traía Beethoven con sus propias sonatas. Le dio finura, delicadeza, gracia y gran expresión de lo nuestro a la danza dejándonos un gran tesoro” (Sanromá, 1982). Anécdotas Anécdotas, como las que siguen a continuación, nos permiten apreciar no solamente al músico sino también al ser humano desde el aspecto integral de su existencia. Mientras Morel ejercía como organista en la Catedral de Ponce, acostumbraba incluir en sus selecciones litúrgicas “La Salve”, compuesta por Arturo Pasarell Pasarell. Tras la muerte de Morel, Pasarell le substituyó. Éste pronto descubrió otra salve, realizada por el Maestro. Ante la belleza de ésta, Pasarell optó por eliminar la suya e incluir la de Morel. Manuel Gregorio Tavárez, su amigo y mentor musical, falleció en Ponce, el 1 de julio de 1883. Tras su muerte, Morel deseaba rendir tributo y homenaje a su memoria. En treinta y cinco minutos concibió la marcha fúnebre con la cual se efectuó el sepelio de Tavárez. Por otro lado, en un baile de sociedad en Mayagüez, Morel notó que una danza suya no se interpretaba adecuadamente. Se acercó a uno de los músicos, tomó el instrumento de sus manos y solicitó que se le permitiera tocar. Denotaba tal maestría en su ejecución que las parejas que en “Alma sublime” (danza) - Componía e instrumentaba una danza en pleno baile entre una pieza y otra con una facilidad sumamente increíble. Tal es el caso de “Alma Sublime” (quizás su mejor danza). Dominaba la flauta, el bombardino, el contrabajo, el órgano y el piano. Tavárez le llamó el Belline de la Danza. Brindis de Sala le llamaba el Strauss Ponceño. ese momento bailaban cesaron de hacerlo para rodear, escuchar y aplaudir al Maestro. En 1882 se escenificó la feria Exposición de Ponce. De antemano se sabía que Fermín Toledo, director de de la Sociedad de Conciertos de San Juan, llevaría a los mejores músicos e instrumentos de la capital. Se vislumbraba una competencia musical entre Ponce y San Juan. En Ponce la orquesta no contaba con el personal competente y mucho menos la instrumentación. Ante este hecho irrefutable Morel no se amilanó. Acertadamente Luis Samalea Iglesias concluye: “…formó su orquesta, compitió con Toledo y… hubo que dividir la victoria entre ambos”. La realidad era que a la orquesta de San Juan se le había ofrecido previamente el primer premio para asegurar su participación en la Feria. Ante la protesta del público, el jurado adujo que dado que ésta tenía conocida la sinfonía de prueba se le adjudicaba el primer premio. Incógnito narra el final de esta manera: “Campos se paró de su asiento y dijo: ‘Para terminar este asunto, yo propongo esto, ahí hay dos mesas, yo escribo para los músicos de San Juan y que su director escriba para mis músicos’. Esto no pudo ser, por razones que el lector comprenderá. Y así terminó aquel torneo”. Morel había organizado para este evento la Orquesta del Teatro La Perla para representar dignamente a Ponce. Bajo el nombre de la Orquesta La Progresista siguieron los músicos presentándose con Morel Campos luego de la Feria Exposición de 1882. Bajo otras circunstancias arribó forzosamente a Ponce una compañía operática, procedente de Venezuela, sin repertorio. El tenor Antón o Antonini solicitó la ayuda de Morel para preparar algunas audiciones. A la semana debutó la compañía, con Morel como Maestro, quien a su vez hizo el repertorio e instrumentó una ópera cada cuatro días. Origen de un puñado de sus composiciones “Aires del País” – Tenía 18 años y tocaba el bombardino en el regimiento de Madrid en San Juan. Un día llegó la Compañía Dramática de Eugenio Astol. Como parte del programa la Compañía ofrecía la presentación de una obra musical inédita. Morel asistió a los ensayos en el Teatro Municipal, acompañado de un músico de apellido Caballa, quien a su vez era amigo de Astol. Este último le pidió ayuda a Caballa, quien recomendó a Morel. Eugenio Astol, entonces, le comisionó una composición a estrenarse cuando se presentase la primera obra de la temporada de una compañía dramática español de visita por la Isla. Al día siguiente Morel Campos entregó los papeles de la pieza encargada, la cual tituló “Aires del País”. El público la acogió emocionado, clamando por su repetición.

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