la comunidad universitaria en general. Segundo, un llamado a la reflexión continua, a la luz de la fe sobre el misterio del ser humano. Tercero, fidelidad al mensaje cristiano, según el magisterio de la Iglesia. Cuarto, respeto a otras creencias religiosas y a la libertad académica, pero en armonía con nuestra propia identidad. Y quinto, un esfuerzo institucional al servicio del pueblo de Dios y de la familia humana, en particular a nuestra sociedad puertorriqueña. Al iniciar este año natural y este nuevo semestre, nos sentimos llamados de forma más directa por el papa León, quien nos invita, como reflexionaba recientemente con la facultad, a construir nuevos mapas de esperanza frente a los desafíos actuales que enfrentamos. No hay duda de que nos rodea la violencia y la guerra. No hay duda de que cada día la desigualdad social es más marcada, que nos enfrentamos a una era de inteligencia artificial que nos reta con una digitalización deshumanizada, que vivimos en una sociedad cada vez más fragmentada y dividida, y que el eficientismo y la tecnocracia se han proclamado por encima del bien y de las necesidades básicas de tantas personas. Somos testigos de un cambio radical en el orden mundial y en el ideal de libertad y democracia, justicia y derecho al que estábamos acostumbrados. Frente a ello, estamos convocados como universidad católica y pontificia, a ser modelo de diálogo, de convivencia, de cultura y solidaridad, de fe y de esperanza como estrellas que juntas entre sí forman una constelación que nos lleva a puerto seguro. Enseñando y proclamando la verdad en un diálogo continuo y sincero entre razón, ciencia y fe, abiertos a servir a nuestras comunidades y al país, tenemos que ser reserva moral y cultural para nuestro pueblo. En misa hay un canto que solemos utilizar con mucha frecuencia, pero que tiene una estrofa que usualmente la dejamos afuera. Es el canto ‘Iglesia Peregrina’, pero hay una estrofa que usualmente la dejamos afuera y que dice, ‘rugen tormentas y a veces nuestra barca parece que ha perdido el timón. Miras con miedo, no tienes confianza, iglesia peregrina de Dios’. Pero se contesta el propio canto diciendo, ‘una esperanza nos llena de alegría, presencia que el Señor prometió, vamos cantando, Él viene con nosotros’. Esa presencia prometida es doble. Él nos dijo que iba a estar con nosotros hasta el final, pero también nos dijo que su espíritu vendría en nuestra ayuda para acompañarnos, guiarnos, iluminarnos y fortalecernos. Como universidad católica, esa promesa también es nuestra. Por eso, ante las tormentas que rugen, tenemos que seguir adelante sin miedo, haciendo de la promesa de la educación una realidad para nuestros estudiantes y el país. Haciendo de la esperanza el sentido de nuestro trabajo y de la colaboración y el esfuerzo mutuo, el testimonio de una comunidad que ama y que se ama, y por eso se entrega al servicio de todos. Hoy más que nunca tenemos que ser universidad, pero más que nada tenemos que ser católicos. Reitero para todos mis mejores deseos en este semestre. Que las metas académicas, investigativas y de servicio, personales e institucionales, que hemos trazado se logren con éxito y que veamos el fruto de nuestro esfuerzo y el fruto de nuestro trabajo a hacerse realidad. ¡A luchar Pioneros adelante, a vencer con la universidad! 63
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