¿Trabajo decente o precariedad laboral? Una aproximación a la situación de los trabajadores en Puerto Rico.

42 pontificia universidad católica de puerto rico años ochenta para designar una barrera invisible que impide a las mujeres cualificadas, como grupo, alcanzar puestos de responsabilidad en las organizaciones en las que trabajan” (como se citó en Cuadrado & Morales, 2007, p. 185). Cuando se habla de brechas salariales, se refiere a las diferencias en salario existentes entre dos grupos de individuos basadas en alguna característica sociodemográfica como educación, edad, o como en este caso, género. A tenor con estos temas, el Informe Mundial sobre Salarios del 2018-2019 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2018) refiere que, luego de estudiar los datos sobre las brechas salariales entre hombres y mujeres en 73 países (lo que representa el 80% de los trabajadores del mundo) se halló una brecha salarial de 16% a 22% favoreciendo a los hombres. Aclaran, sin embargo, que este porcentaje varía considerablemente de un país a otro. Dentro de los principales factores asociados a las brechas salariales de género, identificaron los siguientes: características del capital humano (edad, experiencia y educación); características específicas de los puestos (categoría profesional u horarios de trabajo); características que puntualizan el lugar de trabajo (sector industrial, ubicación geográfica, etcétera). En cuanto a las diferencias salariales por aspectos específicos como la educación, en los países de alto ingreso ese aspecto no explica la brecha salarial entre hombres y mujeres, pero para los países de bajo y mediano ingreso parece ser un posible factor explicativo de la brecha salarial. De hecho, en el informe se expresa que hay aspectos no “explicados” que muestran que, en muchos países, “las mujeres tienen un nivel de educación superior que los hombres que ostentan las mismas categorías ocupacionales, aunque cobren salarios inferiores” (OIT, 2018, p.6). Ahora bien, en el estudio de campo sobre el “tejado de cristal” de Cuadrado y Morales (2007) se estableció como objetivo conocer las variables psicosociales, organizacionales y estructurales que pudieran explicar la limitada presencia de mujeres en puestos de liderazgo. Las variables psicosociales estuvieron divididas en dos, valores y rasgos estereotípicos de género; mientras que las variables organizacionales se dividieron en cinco: satisfacción experimentada en el trabajo, identificación con la organización, conflicto experimentado en el trabajo, disposición a invertir tiempo y esfuerzo para ascender en la organización y percepción de interferencia del trabajo en la vida familiar. Asimismo, se

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