Mensaje del presidente Dr. Jorge Iván Vélez Arocho Muy queridos hermanos: Bienvenidos a la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Una vez más nos reunimos para celebrar con agradecimiento, ilusión y esperanza este IX Congreso Católicos y Vida Pública. El año pasado hablamos de los retos que habíamos enfrentado: dos potentes huracanes y un sismo que estremeció, no solo los cimientos de nuestros edificios, también nuestra fibra íntima al ver de primera mano el impacto de un fenómeno natural que nuestros antepasados habían experimentado en 1918. Un fenómeno que sabíamos que llegaría, pero para el cual no estábamos preparados. Aun así, celebramos el VIII Congreso. Lejos estábamos de saber que, poco tiempo después, nos enfrentaríamos a una pandemia que traería incertidumbre y dolor a tantas personas en todo el mundo. Nada de lo vivido con los huracanes y terremotos se acercaba a los extraordinarios retos que enfrentábamos y, aún hoy, enfrentamos con la pandemia. Y de nuevo, confiamos en Dios, enfrentamos los desafíos, continuamos con nuestra agenda de enseñanza, investigación, diseminación y acompañamiento e iluminación a nuestro pueblo. Y convocamos al IX Congreso. La respuesta de los amigos a quienes les propusimos participar fue inmediata… sin reservas. A ellos mi mayor agradecimiento personal e institucional. Su solidaridad y compromiso como compañeros de viaje en esta jornada de vida cristiana nos conmueve. En el proceso de discernimiento de cuál debía ser el hilo conductor para este Congreso recurrimos a la encíclica Fratelli tutti. Tres palabras resonaron en ese proceso de búsqueda: conflicto, reconciliación y hermandad.
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