123 conflicto, reconciliación y hermandad Reafirmamos y creemos en la utopía posible del amor social que es capaz de superar, en solidaridad, la precariedad de nuestra situación, conflictos y miserias. En esa participación democrática y en el camino de avance social es necesaria la equidad participativa y representativa de todos los sectores y grupos sociales, particularmente de la mujer y de otros grupos vulnerables, como los que sufren el racismo. La presencia política de la mujer ha demostrado la necesidad de una cosmovisión amplia de los asuntos que visibilice las situaciones, circunstancias y conflictos particulares de estos grupos, para poder comprender adecuadamente su realidad, generar empatía y entendimiento, desarrollar caminos de solución y reconciliación y políticas públicas que ayuden a superarlas sin restarles libertad, capacidad y acción propias. De esta manera nos comprometemos a afrontar con valentía los conflictos, aun los que parecen ajenos a nuestra propia narrativa personal. Enfrentar la realidad tal cual es, hacerlo con conciencia de amor donado y generoso y con fidelidad y fe al Evangelio, sin importar los resultados inmediatos, confiados en la siembra de la buena semilla. Con la misma generosidad de los constructores de la puertorriqueñidad y de nuestra conciencia de nación, capaces de ir más allá de los intereses propios e ideológicos nos comprometemos a la construcción de espacios sagrados que reconozcan a cada persona y sociedad la dignidad que le corresponde y los medios necesarios para alcanzarlo. Como una manifestación concreta de esta realidad es necesario reconciliarnos también con la casa común, nuestra tierra. El modelo de las dependencias ha probado ser nefasto para el País. El resultado ha sido una prolongada crisis económica marcada por la corrupción, desmoronamiento institucional y una sociedad sumida en la pobreza y la desesperanza. Las agendas partidistas en un contexto colonial y otras realidades sociales nos fragmentan impidiendo descifrar una ruta de futuro de bien común. Para impulsar cambios, nuestra autogestión integra ciencia, cultura y comunidad. El modelo de protección de bosques, educación y la construcción de autosuficiencia energética para el desarrollo local son referentes de lo que podemos lograr para construir un país alternativo.
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