23 conflicto, reconciliación y hermandad e incluso obstaculiza la vida”. También existe otra actitud que reduce el cristianismo al ámbito de lo privado, y que se da en los sistemas en que la opción de reducción no es la confrontación: la recomprensión del cristianismo, es decir, la identificación del contenido esencial del cristianismo con una mera enseñanza ética (Lessing y Kant). ¿Puede ser, acaso, una vocación en la resolución del conflicto social la recuperación de la totalidad frente a un mundo fragmentado y en permanente cambio? Lo ha escrito Fernando Vallespín (2000; 223): Lo que hemos ido perdiendo en estas últimas décadas han sido los tradicionales conceptos unificadores que servían para simplificar la realidad y para hacerla manejable y previsible. Con la pérdida de la coherencia de las visiones heredadas se abre todo un mundo que pide a gritos ser “nombrado”, reorganizado en conceptos, reinterpretado. Podemos pretender sustituir las viejas simplificaciones con otras nuevas, como cuando aludimos a la “mundialización”, a un nuevo Estado con adjetivos –posmoderno, postsoberano, etc., a la sociedad de la información, a la tecnificación, automatización y computación, al nuevo individuo, etc. (El uso excesivo que hemos hecho del adjetivo nuevo es ya bastante sintomático). Pero la impresión que queda es que son categorías de urgencia dirigidas a arrojar una luz provisional sobre una situación que nos desborda, en vez de conceptos destinados a permanecer, aunque solo sea durante algunos lustros. En el ámbito de la razón, y como respuesta a estas exigencias de un pensamiento que contribuya a la resolución de conflictos sociales, a la búsqueda de un orden dentro del desorden social, nos encontramos con una de las reivindicaciones más creativas, el denominado “humanismo cívico” que propone el profesor Alejandro Llano. El humanismo cívico, como sustrato de respuesta a la dinámica de los conflictos sociales, del cambio social, es “una concepción teórica y práctica de la sociedad en la que se valoran y promueven tres características que mutuamente se exigen y se potencian entre sí” (1999; 15). A saber: • el protagonismo de las personas humanas reales y concretas, que tienen conciencia de su condición de miembros responsables de la sociedad e intentan los medios y vínculos de participación política,
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