Actas X Católicos y Vida Pública | Hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos

100 actas del x congreso católicos y vida pública Entre las líneas de este texto del papa Pablo VI, hay un fuerte llamado a la participación social, inducidos a cooperar en la realización del bien común como exigencia fundamental de todo ser humano y en el ejercicio concreto de la libertad. Francisco retomará este tema en el capítulo 2 de Fratelli tutti, titulado “Un extraño en el camino”, dando a conocer que una sociedad no puede construirse de espalda al dolor, por lo que invita a seguir el modelo del buen samaritano, parábola que nos invita a hacer resurgir nuestra “vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social”, como camino a reconstruir una y otra vez el orden político y social, su tejido de relaciones y su proyecto humano. Los gestos del buen samaritano reflejaron que la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás, porque la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro (Cfr. FT Cap. II) y que no podemos pasar de largo por ella. Otro punto importante a considerar es el concepto ciudadanía. Francisco, sobre este punto, se manifiesta muy elocuente, ya que dicho concepto [...]se basa en la igualdad de derechos y deberes bajo cuya protección todos disfrutan de la justicia. Por esta razón, es necesario comprometernos para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías, que trae consigo las semillas de sentirse aislado e inferior; prepara el terreno para la hostilidad y la discordia y quita los logros y los derechos religiosos y civiles de algunos ciudadanos al discriminarlos. (FT 131) Hoy utilizamos muchas palabras para referirnos a los hermanos descartados, hablamos de los últimos, los improbables, los pobres. Ellos están allí porque la sociedad los excluye y somos responsables de devolverlos al centro y que sean parte y arte de un tejido social construido comunitariamente. De lo contrario, serán fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social. Ciertamente que los políticos están llamados y tienen la responsabilidad de [...]preocuparse de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista

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