102 actas del x congreso católicos y vida pública Finalmente, el tejido social compuesto por las relaciones de reciprocidad, solidaridad y protección de los seres humanos en los ámbitos familiares, escolares, del trabajo, religiosos, comunitarios, vecinales y de las organizaciones civiles, sociales y políticas, como señala la economista y activista cívica Clara Jusidman, demanda de cada uno de nosotros una real creatividad ciudadana. Ya el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, formulaba que sería imposible promover la dignidad de la persona si no se cuidan la familia, los grupos, las asociaciones, las realidades territoriales locales, en definitiva, aquellas expresiones agregativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político, a las que las personas dan vida espontáneamente y que hacen posible su efectivo crecimiento social. La red de estas relaciones forma el tejido social y constituye la base de una verdadera comunidad de personas, haciendo posible el reconocimiento de formas más elevadas de sociabilidad (DSI, 185). Por tanto, para el ejercicio del tejido social, será imprescindible cruzar variados hilos multicolores, algunos ya expresados y otros a sumar en este momento: - participación, - capacidad de organización, - creatividad, - responsabilidad, - creación de redes comunitarias, - gestión del entorno, - cuidado de la convivencia, - aprendizaje para resolver conflictos, - resiliencia, - forjar nuevos vínculos. Solo así podremos sostener las relaciones humanas, capaces de sustentar la vida, para que la convivencia se constituya en el esfuerzo por fortalecer valores para la vida social.
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