Introducción Lcdo. José A. Frontera Agenjo vicepresidente de Asuntos Administrativos de la PUCPR No hay duda de que vivimos un momento histórico en que existe un conflicto genuino sobre la identidad del ser humano. Esa crisis antropológica pone en duda la propia dignidad de toda persona y ha provocado además un intenso debate de reivindicaciones ideológicas y de derechos. El descarte, la exclusión y la vulnerabilidad que sufren tantas personas, la marginalidad en lo político, social, económico y, en ocasiones, incluso en lo religioso nos hace plantearnos una pregunta de base ¿Está en juego la verdad sobre la persona y, por tanto, de la libertad que le corresponde? Ante las ideas de la posverdad, el transhumanismo y la cultura de cancelación, de las “fake news” o de los metaversos de realidades paralelas, ya no de la ciencia física, si no de las relaciones artificiales de las redes sociales y el mundo digital ¿dónde nos situamos? Como cristianos, sabemos que solo hay una verdad, la que nos ha sido revelada en Jesucristo. Como señaló el papa Francisco en la catequesis del 18 de noviembre de 2018: “La verdad es la revelación maravillosa de Dios, de su rostro de Padre, y de su amor sin límites. Esta verdad corresponde a la razón humana, pero la supera infinitamente porque es un don derramado sobre la tierra y encarnado en Cristo crucificado y resucitado”. O como recordaba en el mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de ese mismo año: En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad» … La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional,
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