Actas X Católicos y Vida Pública | Hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos

14 actas del x congreso católicos y vida pública el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres». (Jn 8,32) Por ello nuestra respuesta a las interrogantes que se levantan a nuestro alrededor no puede estar marcada por la moda, por lo políticamente correcto o por el relativismo que trata incluso de superar el concepto mismo de la “verdad”. Así nos lo recuerda el número 128 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia; la verdad “no se puede reducir al conjunto de opiniones o a alguna de ellas” y debe ser “promovida en todos los ámbitos” y defendida para que “prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla”. Tanto es así que, como indica el papa Francisco en la citada catequesis, o como hermosamente lo describió Benedicto XVI, solo en la verdad es posible incluso el amor y una verdadera convivencia social que alcance el bien común para todos. La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. (CiV, 1) Por eso mismo sabemos que solo es posible la libertad completa en la verdad de lo que somos. “Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre” (cf. Jn 8,32). No es en la mera autonomía de las decisiones individuales y colectivas que radica la libertad humana, sino en la posibilidad de ejercer un juicio adecuado sobre las cosas, de crecer en la sabiduría, en descubrir la verdad sobre sí mismo y el mundo que lo rodea para dejarse guiar por ella y así optar por lo realmente bueno, edificándose a sí mismo y a la sociedad. (CDSI, 138 y 139)

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