18 actas del x congreso católicos y vida pública Otra cuestión es si existen los hechos, o si han existido. Cuestión que está relacionada con la pregunta sobre si somos capaces de conocer la realidad porque la realidad exista como algo distinto a nosotros mismos, o la realidad es una creación de mi mente que no se puede desligar de mi acto cognitivo. No hace falta que les diga que considero, de partida, que existe una realidad que es diferente a mí, y que es más grande que yo mismo, y que no puedo, como me gustaría, modificarla, ni crearla, ni adaptarla a mi voluntad de forma absoluta. Entre otras razones porque mi relación con la realidad pasa por la relación con los otros, interlocutores básicos de la formación de la realidad de mi mundo-vida. La verdad es subjetiva porque es intersubjetiva. La verdad es relativa, dicen algunos, confundiendo lo relativo con lo contextual. La verdad es contextual, no relativa. No les negaré las horas que tengo que pasar en clase de ética de la comunicación explicando a mis alumnos lo que acabo de decirles. La definición aristotélico-tomista de la verdad es una definición que encaja, además, con el sentido común. Esto de la corrección política por cierto nos aleja no pocas veces del sentido común, que no es el menos común de los sentidos sino el máximo sentido al que alcanza no el común, es decir, el particular. La definición de verdad por la que apostamos ahora cotiza a la baja. ¿Qué ha pasado? Hay quien dice que la historia de la verdad en el siglo XX es traumática, como traumáticas son algunas consecuencias de lo políticamente correcto. Partamos de Auschwitz, el punto crítico de lo que significaba la modernidad, realidad y metáfora. Los filósofos no supieron prever la tragedia, es más, habían asentado las bases para que no se pudiera producir. Algunos decían: llevamos miles de años hablando de la verdad, hemos progresado en nuestra comprensión de la verdad y con lo que nos encontramos es con la Shoah, una barbarie inimaginable, una maldad obscena. Leamos a Primo Levi, por ejemplo. Hay quien dijo que después de Auschwitz no se podía creer en Dios. Por tanto, tampoco se podía creer en la verdad. Por cierto que el impacto de lo que hizo el nacionalsocialismo no parece que haya sido tanto como el del comunismo en el ámbito del pensamiento y de la cultura. Cosas de la propaganda.
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