22 actas del x congreso católicos y vida pública Y no les digo nada si ese mundo de ficción en el que vivimos no pocas veces lo eligen los algoritmos, esas fórmulas matemáticas capaces de predecir nuestras decisiones y de adelantarse a lo que queremos o a lo que vamos a hacer. la verdad y las ideologías Algo está pasando con la verdad cuando, según el programa N-Gram de Google, en el cambio de milenio la palabra “verdad” se usaba solo una tercera parte de lo que se utilizaba hace ciento cincuenta años. Definir la verdad antes era sencillo. Aristóteles decía al respecto algo así como que: “Decir de lo que es, que no es, o de lo que no es, que es, es falso. Mientras que decir que lo que es, es, Y lo que no es, no es, es verdadero”. Quizá nuestro problema no consiste primordialmente en qué significa la verdad, sino en cómo se establece la verdad y quién lo hace. Leonardo Polo decía que la verdad tiene difícil sustituto. Últimamente, escribir o hablar sobre medios de comunicación y periodismo obliga a citar a Ryszard Kapuscinski. Vaya pues la cita: En la segunda mitad del siglo XX, especialmente en los últimos años con la revolución de la electrónica y de la comunicación, el mundo de los negocios descubre de repente que la verdad no es importante, y que ni siquiera la lucha política es importante: que lo que cuenta en la información es el espectáculo. Y, una vez que hemos creado la información-espectáculo, podemos vender esa información en cualquier parte. Cuanto más espectacular es la información, más dinero podemos ganar con ella. El cinismo de las nuevas concepciones de la verdad la expresó nítidamente Neetzan Zimmerman, exempleado de Gawker como especialista en historias virales de elevado tráfico. Escribió: “Hoy en día no es importante si una noticia es real —dijo en 2014—. Lo único que importa de verdad es si la gente clica.” Los hechos, sugirió, han
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