Actas X Católicos y Vida Pública | Hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos

36 actas del x congreso católicos y vida pública en dos antropologías que creo que están muy presentes en nuestras sociedades contemporáneas: la antropología propia de la Ilustración, cuyo modelo antropológico es el individuo; y la antropología propia del Romanticismo, cuyo modelo antropológico es el sujeto absoluto. Una vez que hagamos la descripción de estas dos propuestas antropológicas, y veamos cómo declina cada una de ellas el concepto de libertad, podremos ponerlas en relación con el modelo antropológico propio del cristianismo, que es la persona. Pues bien, queda expedito el camino que voy a intentar desarrollar ante ustedes. antropología y libertad en la ilustración: autonomía y emancipación La Ilustración se entiende a sí misma como un proceso de liberación del hombre. Es interesante ese texto que escribe I. Kant, a finales del siglo XVIII, y que lleva por título ¿Qué es la Ilustración? El filósofo alemán afirma qué es la liberación del hombre de su culpable incapacidad: la de atreverse a pensar por sí mismo. Y continúa su reflexión haciéndonos caer en la cuenta de que es necesario un proceso de emancipación de todo tipo de tutela; bien sea religiosa, de tradición o de carácter moral. De esta manera, vemos cómo en esta declinación moderna, qué es la Ilustración, va surgiendo un modelo antropológico hegemónico muy presente en nuestros días: comprender al ser humano como individuo. Las dos características más significativas de esta comprensión del ser humano como individuo serían, en primer lugar, la autoposesión y, en segundo lugar, la ausencia de relación. En cuanto a la autoposesión es interesante que hagamos referencia a otro padre de la modernidad: R. Descartes. Cuando en su Discurso del método plantea la duda como metodología de una nueva filosofía, con el objetivo de alcanzar un fundamento absolutamente claro y distinto sobre el cual reconstruir el conjunto de la realidad. Descartes, en la soledad de su habitación, cercano a su estufa, llega a una evidencia inconmovible: “Pienso, luego existo”. La única certeza que engendra evidencia es caer en la cuenta de que yo soy algo que piensa. Es llamativo cómo Descartes, en la obra referida, nos dice algo verdaderamente sorprendente: puedo dudar de la existencia del mundo, puedo dudar de la existencia de los otros, puedo incluso dudar de la existencia de mi cuerpo, pero no puedo dudar de que

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