47 hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos “la llamada”. En efecto, únicamente cuando tenemos sensibilidad con la verdad, podemos descubrir a qué estamos llamados. Por tanto, la libertad se va a ejercitar como una “respuesta” a esta llamada. Si no hay una llamada, que indique el sentido de la propia historia, el telos, la meta o el horizonte, no sé quién soy; y cuando no sé quién soy, la libertad se torna en quimera porque se reduce al cumplimiento y a la satisfacción inmediata de los deseos, que son muchas veces contradictorios o divergentes entre sí. La verdad que me hace libre es la llamada, porque solo esta instaura identidad y misión. Por tanto, la libertad puede realizarse únicamente como una respuesta a esta identidad y a esta misión. De esta manera, una de las tareas fundamentales que debe tener el católico en el espacio público es la sensibilización de sus contemporáneos con respecto a la verdad. Pero sabiendo que la verdad no es algo que se posee —¡ni siquiera el católico la posee!—, sino “alguien” que nos sostiene. Mientras que, para los griegos, lo contrario de la verdad es el “error”, para el pensamiento bíblico, lo contrario de la verdad es la “infidelidad”. De ahí que la verdad únicamente sea comprensible en el espacio de una relación. Así podemos entender que Jesús dijera de sí mismo: “Yo soy la verdad” (Jn 14,6). “la verdad os hará libres”: aproximación teológica a la libertad
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