46 actas del x congreso católicos y vida pública Sin embargo, el cristianismo entiende la libertad como creatividad. Cuando Dios crea al ser humano libre, se arriesga porque abre la puerta a la posibilidad de que su propia obra creadora se le escape de las manos. Pensemos en ese Dios sorprendido, que baja como de costumbre a pasear una tarde en el jardín, y encuentra que Adán y Eva, la humanidad primera, se han escondido de su presencia. Es el Dios que se sorprende de que esa libertad donada al ser humano vaya en su propia contra. La libertad entendida como creatividad nos habla de la posibilidad de que cada ser humano pueda hacer de sí mismo una realidad inderivablemente nueva. Aquí radica la sorpresa. Todo niño que nace es una llamada a la esperanza porque no podemos establecer desde el principio qué va a ser de ese niño. Por lo tanto, un nacido es siempre un interrogante porque puede hacer de sí mismo una realidad imprevisible —tanto en sentido positivo, como negativo; de ahí la temática del pecado original, que no podemos afrontar en esta presentación, y la visión dramática, que no trágica, de la historia por parte del cristianismo—. Ahora bien, esta creatividad no la entiende el cristianismo de una manera omnímoda porque no hay ningún acto de voluntad en la persona humana que nos permita partir de cero. La libertad siempre se halla situada. Es una libertad histórica: nacemos en una familia, con una herencia recibida, con una historia de procedencia, ubicados en un espacio y en un tiempo concretos. Esto que podría interpretarse como una merma al ejercicio de la libertad es su real condición de posibilidad. La libertad siempre actúa como acicate y como estímulo ante una realidad que nos deja una capacidad de maniobra siempre condicionada. Para que se entienda lo que quiero decir, puede servirnos una imagen: el aire que frena el vuelo de un pájaro es, al mismo tiempo, la condición de posibilidad para que el pájaro pueda mantenerse en dicho vuelo. Así es, la libertad, estando siempre situada, deja un horizonte amplió a una creatividad que puede hacer de mí mismo una realidad improgramable e indeducible. conclusión Termino retomando el leitmotiv de este X Congreso de Católicos y Vida Pública: la libertad en la verdad. Ahora bien, ¿cuál es esa verdad que nos hace libres? Respondería sin miedo al equívoco que
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