71 hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos tener una patria que cuidar por la cual emocionarse y estremecerse hasta las lágrimas y ver triunfar a los suyos y enarbolar una bandera que lo represente, en cuya tierra pueda hundir sus raíces, y gozar sus frutos, reconocer su identidad, su cultura; estar ausente de una fe viva que lo celebre y anime en los momentos de grandeza y lo conforte y consuele en los momentos de tristeza, sin deberes que lo obliguen, sin norma moral que lo sujete, sin una verdad objetiva a la que remitirse, sin un amor al que entregarse, y entregarse porque hay razones y tantas otras veces porque no las hay. Ser libre sin tener propósito o motivo por el que luchar, así, tan suelto de todo, sin Dios a quien amar ¿será verdad que es libertad? No sería acaso un espantoso vacío, me parece solo de pensarlo, que solamente en un estado de inconsciencia podría ser apenas soportable. Pensemos nada más en este tiempo, en esta pandemia en que hemos vivido en soledad, en distanciamiento, en aislamiento. En un tiempo en que deberíamos guardar los abrazos y los besos, guardar los encuentros. Acaso nos acompañó el mínimo sentimiento de libertad. Órdenes ejecutivas que nos mantuvieron en toque de queda, pero al margen de eso se sentía una vida sin contenido, sin finalidad y sin sentido para la gran mayoría, no digo yo de los puertorriqueños, sino para la humanidad. Aprendimos y nos reestructuramos, usamos la tecnología para los encuentros como herramienta supletoria, pero cómo ha limitado todo lo que proporciona esa interacción física, esa necesidad de ver, oír, sentir al otro. Cuanto daría yo por verles en persona, en la presencia transmitirles las sensaciones que me acompañan. ¿Qué significaría la libertad, si no se refiriera al otro? Pues nada. Entonces la libertad no se define por la ausencia de todo vínculo. La libertad existe porque hay un objeto al que aplicarse, una finalidad que le da sentido, se ancla en un elemento de certeza. Prescindir de tales elementos equivale a negar o a destruirla. La liberación no es la separación o el aislamiento del individuo, no es el individualismo, sino muy por el contrario, es el encuentro con el otro. Es como el derecho, existe porque el otro existe, porque se da en la convivencia humana, en la experiencia del ser. Existe la libertad porque se da en la presencia del que tengo al lado, porque es una experiencia social, de lo contrario no sería necesario que existiese “conoceréis la verdad y la verdad os hará libre”: el caso de puerto rico
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