Actas X Católicos y Vida Pública | Hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos

76 actas del x congreso católicos y vida pública mismas oportunidades de ejercer su libertad. Es el reconocimiento de los derechos individuales que hace este y los derechos económicos, sociales y culturales. La dignidad y la libertad, virtudes esenciales en cualquier estado de derecho, también nos imponen a los ciudadanos obligaciones y un deber de solidaridad y respeto hacia los demás. Es la exigencia de comportarse o conducirse “fraternalmente” con los otros. De salir de nosotros mismos para establecer cercanía con el otro, adherirnos a la causa de los demás, que en tantas ocasiones es la causa nuestra. Y cuando no es la causa nuestra, es respetar el discurso, escucharlo, saber debatir y de seguro identificar puntos de encuentro. Este ejercicio se valida cuando nos reconocemos unos a otros como personas con dignidad. De seguro nos hará menos suspicaces, más confiados, dispuestos a ser más desprendidos o apoyarnos en el brazo del otro. Nos permitirá echar a un lado la agresión, la vulgaridad y caminar con respeto hacia la verdad. Y sentirnos responsables de los menos válidos, del descartado, sentir como propias las injusticias, trabajar para suprimirlas, proveer acceso a los mecanismos de justicia social y empeñarnos en el bien común. Esto me recuerda que es impermisible e inaceptable escuchar, de lo que debe ser un líder, expresiones apartadas de la solidaridad y de la fraternidad. No reconocer, destacar, ni valorizar cada miembro de su comunidad, ni reconocer la importante posición que ocupa en ese engranaje cada uno de ellos, ni la ingente labor que se hace para el bienestar común bajo condiciones casi de indignidad, bajo desigualdad. Evidentemente no pueden reconocer de qué valores estamos hablando, por lo que es difícil reconocerle la capacidad para dirigir un pueblo. Solo es posible la libertad completa, en el reconocimiento de la verdad de lo que somos. Es imprescindible reconocer nuestras verdades. El adagio dice que hay verdades que duelen, pero hay otras, muchas, demasiadas que nos deben llenar de profundo orgullo y valentía y que nos tienen que llamar a la acción, a la construcción permanente de un mejor país, pues siempre la aspiración es mejorar. Tiene que ser así para que, en nuestro caso, los puertorriqueños logremos llegar a una autonomía personal y colectiva. En ese caminar libertario es indispensable reconocer algunas de las verdades que nos han traído, al menos, en los últimos 500 años de nuestra existencia. Que sean

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