90 actas del x congreso católicos y vida pública y que hoy asume cada vez más la forma de esa cultura de la cancelación, que invade muchos ámbitos e instituciones públicas. En nombre de la protección de las diversidades, se termina por borrar el sentido de cada identidad, con el riesgo de acallar las posiciones que defienden una idea respetuosa y equilibrada de las diferentes sensibilidades. Se está elaborando un pensamiento único —peligroso— obligado a renegar la historia o, peor aún, a reescribirla en base a categorías contemporáneas, mientras que toda situación histórica debe interpretarse según la hermenéutica de la época, no según la hermenéutica de hoy.24 En esta mentalidad de cancelar a todo el que piensa distinto o se expresa en discrepancia a las ideas de ciertos grupos, insertamos todo atentado contra las realidades históricas pasadas que pretendan enterrar lo que hemos sido, negando muchas veces hasta nuestras propias raíces. En Puerto Rico vivimos eso hace apenas unas semanas con el derribo, ante la visita de un monarca, de una estatua que nos recuerda nuestra historia colonial pasada. De igual forma experimentamos la lucha encarnizada de ciertos grupos con su cruzada para erradicar el llamado patriarcado. Todo lo que molesta, todo lo que del pasado no nos gusta, se borra, se cancela, sin pensar que, siendo nosotros parte o producto de esa historia pasada, corremos el riesgo de autocancelarnos. d. La cultura del descarte: En línea parecida podemos destacar la llamada “cultura del descarte”. Esto es desgastar el valor del ser humano. El capital vale más que la persona. Es la tendencia a convertir a la persona y sus servicios en objetos desechables. El que no sirva para producir hay que dejarlo atrás. En esa línea se despreciará cada vez más a los pobres, a los enfermos, a los desahuciados, a las clases marginadas, a los niños por nacer. 24 https://www.aciprensa.com/noticias/discurso-del-papa-francisco-al-cuerpo-diplomatico-ante-la-santasede-al-inicio-de-2022-63879
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