152 actas del xi congreso católicos y vida pública Por último, las empresas también tienen una responsabilidad importante de cara al cuidado de la creación y del entorno en el que realizan su actividad. Las empresas son agentes clave en el cuidado de un entorno natural y en la potenciación de comportamientos que vayan en esta dirección. conclusión Cuando vemos el sistema economicista a la luz del concepto cristiano del bien común nos damos cuenta de que una economía inspirada en el cristianismo no puede ser economicista. La Doctrina Social de la Iglesia nos invita a una economía muy diferente, que incide más en la parte distributiva que en la de los simples incrementos de la producción, que apuesta por una manera de organizar la economía que cuide la creación en lugar de explotarla, que busca unas personas y familias que deseen lograr lo suficiente para vivir en lugar de vivir obsesionadas por tener más y más, por empresas centradas en su función social en las que los beneficios se ven como una “condición necesaria” más que como el objetivo principal de su actuación y por un Estado que busca conjugar todas las instituciones para construir una sociedad acorde con la idea cristiana del bien común. Conseguir este cambio de paradigma es un trabajo de todos, una labor conjunta que tenemos que alcanzar con consensos de todas las personas que convivimos día a día en nuestra sociedad. El bien común se construye entre todas las personas, instituciones y asociaciones de una comunidad para lograr una organización social que realmente logre ser positiva para todos. La economía tiene que ponerse al servicio de ese desarrollo integral en el que lo principal deja de ser lo económico para que las personas adquieran todo el protagonismo. bibliografía Álvarez Cantalapiedra, Santiago (2001): La evaluación de la satisfacción de las necesidades: en torno a los indicadores del bienestar. En Capitalismo, desigualdades y degradación ambiental (pp. 153-166). Icaria Editorial.
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