20 actas del xi congreso católicos y vida pública Es evidente que no voy a referirme a todas las respuestas que ha dado el papa Francisco, ni a todos los ámbitos sobre los que ha ofrecido su iluminación de la realidad. Serán retazos o pinceladas que nos permitan intuir un cuadro completo de propuesta en un momento de la historia en que la respuesta cristiana se sitúa ante no pocos retos, incluso ante el reto del prejuicio religioso. En un momento en el que el cristianismo, al menos en Europa, está a punto de convertirse en un asunto de especialistas y nostálgicos. Para caer en la cuenta de lo que es el cristianismo, mejor dicho, la fe cristiana, estoy convencido de que tenemos que leer de nuevo lo que fue proclamado con hechos y con palabras en un principio. Quizá la pedagogía del papa Francisco en esta época es la de enseñarnos a aprender a leer de nuevo la fe cristiana en la historia, ante las deformaciones de la propia dinámica histórica y ante la crítica moderna de la religión. Leer de nuevo el cristianismo para tomarnos en serio a Cristo, su Evangelio. No hablar de Dios en clave impersonal, sino en clave interpersonal. En este momento de la historia me parece especialmente prioritaria la empatía con el magisterio del papa Francisco, es decir, un esfuerzo por captar tanto la peculiar vivencia originaria de su forma de vivir el Evangelio como de su forma de articular y ejercer el ministerio petrino. En este momento de cambio de época, en este momento de giro del eje epocal, en concepto de K. Jaspers. Una recepción de su magisterio que trascienda las imágenes que de su persona, de su palabra y de su aceptación nos ofrece el envoltorio comunicativo del mundo, esa red que condiciona nuestro mundo-vida. Un más allá que nos permita adentrarnos en su ser más íntimo, amor y verdad de su vida y de su ministerio, en esa forma privilegiada de relación que inspira y alienta el Espíritu Santo en nuestras vidas. Me centraré, por tanto, en la persona del papa, no en la institución que representa, el ministerio petrino, ni en la Iglesia como institución. Un síntoma ineludible de este cambio de época es el problema institucional al que el papa ha querido dar respuesta con la propuesta de la reforma y la dinámica sinodal.
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