Actas XII Católicos y Vida Pública |Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión

66 actas del xii congreso católicos y vida pública Regresamos a la clave de que es urgente y necesario tener a la persona en el centro del proceso educativo y de la vida. Entonces, cabe preguntarse: ¿qué tipo de educación estamos ofreciendo a nuestros universitarios? Como ya hemos afirmado en este texto, el pacto llama a una educación humanizadora, solidaria, que cuide de las personas y de la casa común en la construcción de una cultura de paz. Por lo tanto, nos ocupamos constantemente en fortalecer el principio de coraje, capaz de superar ese antropocentrismo ingenuo que nos hizo romper con la naturaleza y romper igualmente unos con otros. Este principio implica la decisión clara y consciente de priorizar al ser humano y no al mercado, la ganancia o el dinero. Tener a la persona en el centro, por lo tanto, significa defender una educación de relaciones fraternales y solidarias. Por lo tanto, la tarea de educar no es solo de la escuela o la universidad, sino de toda la sociedad (aldea global). Otra estrategia radica en el humanismo solidario como tema transversal en nuestros planes de estudio y prácticas. De esta manera, nuestra universidad, con sus planes de estudio humanizados, solidarios y orientados hacia prácticas sociales, da un paso muy importante en el camino de formar para la vida como compromiso de todos. Sí, de todos, porque no podemos delegar esta misión solo a la escuela o a la universidad. Por lo tanto, como acabamos de afirmar, repetimos: es necesario trabajar cooperativamente con la escuela, la universidad, la familia, las iglesias, los gobiernos, las comunidades y la sociedad en general para hacer frente a los grandes desafíos educativos, incluidos los profundamente agravados por la pandemia de Covid-19 en todo el planeta Tierra. personas dispuestas al servicio Por lo tanto, no podemos descuidar de la otra clave que sostiene el pacto: la persona dispuesta al servicio del bien común. Esta clave es fundamental para superar la fractura entre pueblos, generaciones y culturas diferentes en un constante movimiento de ponerse al servicio del bien social reconociéndose en el ser para el otro. Tales fracturas pueden y deben ser superadas porque, en el concepto del pacto global, debilitan a los pueblos, a las familias, a la unidad en la diversidad.

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