Actas XII Católicos y Vida Pública |Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión

ORGANIZAR LA ESPERANZA PARA LA COMUNIÓN, LA PARTICIPACIÓN Y LA MISIÓN Actas del XII Congreso Católicos y Vida Pública

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE PUERTO RICO 2025 ORGANIZAR LA ESPERANZA PARA LA COMUNIÓN, LA PARTICIPACIÓN Y LA MISIÓN Actas del XII Congreso Católicos y Vida Pública

El material publicado en este libro no puede ser reproducido o transmitido en ninguna forma, medio o formato, total ni parcialmente, sin la autorización escrita del editor y autores. Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión Actas del XII Congreso Católicos y Vida Pública Primera Edición 2025 © Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico 2250 Boulevard Luis A. Ferré Aguayo, Suite 557 Ponce, Puerto Rico 00717-9997 Teléfono: 787.841.2000 publicaciones.pucpr.edu Edición Profa. Olga Bizoso Muñoz Prensa y Comunicaciones, PUCPR Diagramación: Carlos Javier Santos Velázquez coordinador de Publicaciones, PUCPR Diseño de cubierta: José González Sotomayor diseñador gráfico institucional, PUCPR Impreso en Puerto Rico / Printed in Puerto Rico ISBN: 978-1-970009-56-9

Tabla de Contenido Mensaje del presidente de la PUCPR Dr. Jorge Iván Vélez Arocho ..........................................................................9 Introducción Lcdo. José A. Frontera Agenjo.....................................................................13 Conferencia de apertura: Anatomía de la espera, antropología de la esperanza Dr. José Francisco Serrano Oceja.................................................................17 El sínodo sobre la sinodalidad: comunión, participación y misión Card. Oscar Rodríguez Maradiaga, sdb.......................................................27 Formar en liderazgo Chris Lowney..............................................................................................39 La universidad y el desarrollo comunitario Dra. Claudia del Huerto Romero.................................................................49 La importancia del pacto educativo global desde la perspectiva de un rector de Universidad Dr. Paulo Fossatti........................................................................................61

8 actas del xii congreso católicos y vida pública Organizar la esperanza para el cuidado de la Casa Común Sr. Armando Borja.......................................................................................73 La Universidad católica: misión y función en una sociedad plural Dr. Rafael Sánchez Saus..............................................................................87 La tradición intelectual católica como medio para el diálogo interreligioso Dra. Inés Murzaku......................................................................................93 Místicos y contemplativos al servicio de la vida pública Dra. Luce López-Baralt..............................................................................107 Declaración conclusiva del XI Congreso Católicos y Vida Pública. ....... 127 Datos de los conferenciantes. ................................................................. 131

Mensaje del presidente de la PUCPR Dr. Jorge Iván Vélez Arocho Muy queridos hermanos y hermanas. Bienvenidos a la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. En el año 2010 visitamos la Universidad CEU San Pablo en Madrid para explicarles que teníamos interés en celebrar en nuestra Universidad el Congreso Católicos y Vida Pública, de los que ellos llevaban celebrando por más de una década. También incluimos dos peticiones: que interesábamos utilizar el mismo nombre, y que su director, el Dr. José Francisco Serrano Oceja, con quien hablábamos, viniera a ofrecer la conferencia inaugural. La respuesta no se hizo esperar: podíamos utilizar el nombre y su director vendría a inaugurar el Congreso. Decidimos realizar un precongreso como preparación a la celebración de un primer congreso. Y tal como prometió, el primer congreso se realizó con el apoyo y acompañamiento de la Universidad CEU San Pablo y del Dr. José Francisco Serrano Oceja, quien vino a ofrecer la conferencia inaugural y así lo ha hecho en cada Congreso. Hoy también está con nosotros para inaugurar este doceavo Congreso. A Paco nuestro profundo agradecimiento… por su sostenida guía a lo largo de esta importante jornada académica, eclesial… y hoy diríamos sinodal. En esta ocasión volveremos a escuchar a amigas y amigos que han venido a esta Universidad anteriormente y que nos han acompañado con importantes reflexiones tales como Mons. Fernando Chomalí, quien nos habló en el pasado sobre el hermoso proyecto social Lavandería 21, el cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, doctor honoris causa de nuestra Universidad y la Dra. Luce López Baralt. También estarán con nosotros, a distancia, Chris Lowney de EE.UU. y Claudia del Huerto de Argentina. De una manera especial me alegra

10 actas del xii congreso católicos y vida pública tener con nosotros desde Brasil al Dr. Hermano Paulo Fossati con quien estuve en la Junta de Gobierno de ODUCA, la Dra. Inés Murzaka con quien colaboramos en ACCU y con el Sr. Armando Borja con quien estamos preparando un innovador programa en educación para comunidades en la Amazonia e inmigrantes. Católicos y Vida Pública este año tiene como eje central la esperanza… más específicamente “Organizar la Esperanza”. ¿Y de dónde surge la idea de hacerlo con este tema? Les cuento. Con este provocador título de Organizar la Esperanza el papa Francisco nos convocó a presidentes y Rectores de América Latina y Caribe a un Encuentro en Roma del 20 al 21 de septiembre. Esta fue la convocatoria “La RUC (Red de Universidades para el Cuidado de la Casa Común), en colaboración con la PCAL (Pontificia Comisión para América Latina del Estado Vaticano), convocan al Encuentro entre Rectores y Rectoras de Universidades Latinoamericanas y Caribeñas con el papa Francisco “Organizando la Esperanza”, a realizarse el 20 y 21 de septiembre de 2023 en la Santa Sede”. Fuimos a Roma “Universidades Públicas y Privadas, confesionales y no confesionales, de todo nuestro continente, con el anhelo de “organizar la esperanza” entre nuestros pueblos, iniciando juntos procesos de construcción de puentes académicos que permitan la unidad e integración de nuestros claustros para el Cuidado de la Casa Común. Hace mucho tiempo que el papa Francisco insiste en la importancia de “organizar la esperanza”. En la misa de la V Jornada Mundial de los Pobres, celebrada en la Basílica de san Pedro, el papa insistió sobre la importancia de organizar la esperanza, “Que no miremos hacia otro lado, que no tengamos miedo de mirar de cerca el sufrimiento de los más débiles.”. Más aún insistió “La esperanza que nace del Evangelio, en efecto, no consiste en esperar pasivamente que las cosas mejoren mañana, esto no es posible, sino en concretar hoy la promesa de salvación de Dios. Hoy, todos los días. La esperanza cristiana no es, en efecto, el optimismo dichoso, o más bien diría el optimismo adolescente, de los que esperan que las cosas cambien y mientras tanto siguen haciendo su vida, sino que es construir cada día, con gestos concretos, el reino de amor, de justicia y de fraternidad que inauguró Jesús”.

11 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio El Encuentro con el papa Francisco enfocó en “Organizar la Esperanza” desde la óptica del Cuidado de la Casa Común. El desafío planteado es ¿cómo organizar las universidades de América Latina y del Caribe para que desde sus extraordinarias capacidades y recursos puedan contribuir a detener y revertir las acciones que afectan nuestra casa común. ¿Cómo revertir las acciones de la cultura del descarte? ¿Del uso y descarte de los recursos que pertenecen por derecho a todos? La Dra. Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y el Caribe y organizadora del Encuentro, nos habló sobre los modos de “Organizar la Esperanza”. “El papa Francisco sugiere organizar la esperanza antes que asistir la necesidad. Si bien eso representa una continuidad respecto al pensamiento social de la Iglesia, la novedad está en el modo. En la Carta del papa Francisco a los Movimientos Populares del 12 de abril de 2020, dice hacerlo como “Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo”. El papa Francisco nos recordó que “el bien es posible” cuando nos dijo “No hace falta hablar de los problemas, polemizar, escandalizarse —todos sabemos hacerlo—; hay que imitar a las hojas, que discretamente transforman el aire sucio en aire limpio cada día. Jesús quiere que seamos “convertidores del bien”: personas que, inmersas en el aire pesado que todos respiran, respondan al mal con el bien como dice san Pablo en su carta a los Romanos en el capítulo 12 verso 21. “Personas que actúan […] parten el pan con los hambrientos, trabajan por la justicia, levantan a los pobres y les devuelven su dignidad, como hizo aquel samaritano.”. También nos propuso regresar a nuestras universidades a inspirar y organizar propuestas académicas para formar entre los jóvenes los futuros lideres políticos. Nos insistía que “organizar la esperanza” requiere un liderato político comprometido en lograrlo. Católicos y Vida Pública siempre es pregunta y respuesta. Llegamos a cada Congreso con preguntas sobre nuestra realidad y sus formidables retos. En cada ponencia buscamos las brújulas y herramientas que nos permitan dialogar sobre los modos de responder a los desafíos. Al salir del Congreso llevamos respuestas a los desafíos que impactarán nuestras acciones académicas futuras. Así ha sido en mensaje del presidente de la pucpr

12 actas del xii congreso católicos y vida pública las pasadas ediciones, estamos seguros que esta vez ponerlo en práctica. La Católica se une a este esfuerzo de “organizar la esperanza” con acciones concretas como esta. Bienvenidos y enhorabuena.

Introducción Lcdo. José A. Frontera Agenjo vicepresidente de Asuntos Administrativos de la PUCPR Hay dos llamadas que nos ha hecho el santo padre, una directamente a las universidades, como nos ha descrito el doctor Vélez Arocho y la otra a la Iglesia universal. La primera parte de “organizar la esperanza” surge de ese encuentro con las universidades celebrado en septiembre 2023. La segunda parte del lema, “comunión, participación y misión” proviene de las características propuestas para la sinodalidad en el contexto del sínodo sobre el mismo tema que continúa celebrándose en la Iglesia. Digo continúa porque tuvimos la primera sesión, pero resta la segunda sesión este año, así que sigue activo el sínodo. En el encuentro con las universidades, el papa destacó la degradación social, moral y económica que vive el mundo y cómo, en la medida en que se genera mayor inequidad, se resta a la dignidad del ser humano, al descarte, al rechazo y a la destrucción de las condiciones necesarias para la vida digna de todos, particularmente, el cuidado de la Casa Común. Frente a esto, dijo el papa en el encuentro con los rectores, “los jóvenes de hoy tienen derecho a un cosmos equilibrado y tienen derecho a esperar. Y nosotros tenemos que ayudarlos a organizar esa esperanza, a tomar decisiones muy serias desde este punto”. En múltiples ocasiones el papa nos ha descrito la esperanza de maneras muy diversas. Cito algunas “es la más humilde de las tres virtudes teologales, porque permanece oculta”. “La esperanza es una virtud arriesgada". "Una virtud, como dice san Pablo, de una ardiente expectativa hacia la revelación del hijo de Dios, no es una ilusión”. En otra cita “Es una virtud que nunca decepciona. Si esperas, nunca serás decepcionado”. “Es una virtud concreta de cada día porque es un

14 actas del xii congreso católicos y vida pública encuentro y cada vez que nos encontramos con Jesús en la eucaristía, en la oración y en el Evangelio, en los pobres, en la vida comunitaria, cada vez damos un paso más hacia este encuentro definitivo”. “Necesita paciencia, así como uno necesita tener paciencia para ver crecer el grano de mostaza”. “Es paciente para saber qué sembramos, pero es Dios quien da el crecimiento”. “La esperanza no es un optimismo pasivo, sino por el contrario, es combativa con la tenacidad de quienes van hacia un destino seguro”. Todas son citas de sus audiencias y homilías. La que ha tratado este tema, precisamente esa última, por ser una virtud combativa que requiere tenacidad, la esperanza tiene que ser organizada, es decir, la esperanza hay que planificarla, liderarla y moderarla por nuestra relación directa con los jóvenes que se levantan y que son constructores de ese futuro. La universidad tiene que ser espacio dinamizador de esos procesos, la conjunción de fe y ciencia con referencia y de cara a la realidad. Somos espacio privilegiado para la formación y la acción, para encauzar y para evangelizar mientras lo hacemos. Sobre el sentido de la esperanza de nuestra esperanza cristiana y su rol ante la realidad actual y las visiones contrapuestas del mundo en que vivimos, nos hablará en primer lugar el doctor José Francisco Serrano Oceja. Esa organización de la esperanza tiene que darse en sintonía con el espíritu de sinodalidad al que está llamada toda la iglesia. Estamos invitados a la comunión, no solo entre nosotros los bautizados, sino con todos los hermanos y hermanas con quienes compartimos nuestra humanidad y, por tanto, la igual dignidad como hijos de Dios. Esa comunión nos involucra a todos y por eso estamos todos llamados a participar, a involucrarnos, a asumir nuestra corresponsabilidad y nuestro rol en todos los ámbitos y niveles, de ahí que podamos entonces pasar a ser testimonio. La misión constante de evangelización es transformación de nuestra realidad desde el Evangelio. Contamos con la presencia de su eminencia reverendísima, el cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, quien ha estado muy cerca del papa Francisco en la transformación de las estructuras de gobierno en la Iglesia. Ha participado en el sínodo y con su labor pastoral ha ejemplificado cómo se hace posible esta sinodalidad. Damos también a él la bienvenida.

15 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio Entre los elementos destacados por el papa como necesarios para la eficacia de la organización de la esperanza, se destacan dos factores, el primero, la formación de un liderato efectivo que incida en la política, en las empresas, en las comunidades y en todos los ámbitos. Sobre el liderazgo nos hablará Chris Lowney, exitoso empresario católico y autor de varios libros sobre el tema que plantea, un modelo muy particular de ejercer ese liderazgo. El otro elemento destacado por el papa es la inserción comunitaria, sobre eso nos hablará desde Argentina la doctora Claudia del Huerto. Para cerrar el día de hoy tendremos la reflexión desde la experiencia universitaria del doctor Pablo Fossati quien, como ha dicho el presidente, está con nosotros desde Brasil. El encuentro con las periferias, con los descartados tiene que ser el punto de partida de la acción por la esperanza. Salir al encuentro del otro en actitud de donación, particularmente con aquellos de quienes no esperamos retribución, a quienes podemos devolver su humanidad y dignidad, es central a la acción evangelizadora y tiene que ser respuesta de todos a la misión a la que estamos llamados. Abrirá los trabajos del Congreso monseñor Fernando Chomalí Garib, arzobispo de Santiago de Chile, quien desde su trabajo pastoral ha dirigido muchos esfuerzos para la recuperación social de sectores marginados. Asimismo, nos presentará su documental sobre las mujeres en la dictadura que vivió su país. El cuidado de la Casa Común, en el sentido de la ecología integral propuesta por el santo padre, es esencial al tema de la esperanza, como él mismo señaló en el encuentro con los rectores, “sin los medios necesarios para la subsistencia, para satisfacer las necesidades básicas de todos nuestros hermanos, no es posible hablar de futuro y, por tanto, tampoco de esperanza”. Armando Borja, director de operaciones de Jesuit Worldwide Learning, nos ayudará a reflexionar sobre este tema. Estos esfuerzos requieren el encuentro y la colaboración, la integración y participación de todos los sectores en una sociedad fragmentada por las ideologías, afectada por la diversidad de pensamientos políticos y económicos, entre muchas otras formas de división. Hay que poder dialogar y conjugar desde esa pluralidad. El doctor Rafael Sánchez Saus, rector honorario de la Universidad CEU San Pablo expondrá, desde su experiencia, sobre la relación entre universidad y sociedad. Nada de este esfuerzo es nuevo para la Iglesia, aunque sí la formas y los medios, y tampoco lo es para la Universidad católica. El pensamiento introducción

16 actas del xii congreso católicos y vida pública universal se ha beneficiado siempre de la tradición intelectual católica y ahora no puede ser menos. La doctora Inés Murzaku, de la Universidad de Seton Hall, nos explicará sobre el mismo. Karl Rahner, uno de los grandes teólogos del siglo 20, hizo una afirmación que se repite con mucha frecuencia, “el cristiano del futuro o será místico o no será cristiano” e insistía que sin la experiencia religiosa interior de Dios, ningún hombre puede permanecer siendo cristiano bajo la presión del actual ambiente secularizado. Nos hacemos la pregunta, ¿Es posible ser místico en el día a día de la vida profesional, familiar y comunitaria en que vivimos hoy? Mañana en la tarde, la doctora Luce López Baralt, catedrática puertorriqueña destacada por sus estudios sobre el tema de la mística, nos acompañará en la última conferencia de la tarde reflexionando sobre esta pregunta. Y de esa manera queda servida la mesa de los temas que estaremos escuchando y conversando a lo largo de este Congreso. No me resta más que dar las gracias al comité organizador, a todos ustedes por estar aquí, pero sobre todo a los que generosamente nos han donado de su tiempo y de su inteligencia y lo harán a través de las conferencias que estaremos escuchando en estos días. A todos, desde ahora nuestro agradecimiento.

Conferencia de apertura: Anatomía de la espera, antropología de la esperanza Dr. José Francisco Serrano Oceja, profesor titular acreditado de Periodismo Universidad CEU-San Pablo, Madrid, España “Dios lo oiga —dijo Sancho en el Quijote— y el pecado sea sordo, que siempre he oído decir que más vale buena esperanza que ruin posesión”. En una carta del papa Francisco al Dr. Roberto Andrés Gallardo, 30 de marzo de 2020, en los inicios de la pandemia le dijo que “prepararnos para el después es importante”. Durante estos días me he repetido insistentemente una frase de Albert Camus: “No llamar a las cosas por su nombre añade mal al mundo”. Vuelvo al papa Francisco en la Carta de Pascua a los Movimientos Populares (12 de abril 2019): Nuestra civilización [...] necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable. Que lo que está pasando nos sacuda por dentro y que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad.

18 actas del xii congreso católicos y vida pública Hoy voy a proponer que reparar la injusticia que mina de raíz la salud de la humanidad significa que “los cristianos que —como escribe Tertuliano— formamos un cuerpo por la conciencia de una misma religión, estamos unidos por el ligamen de una única esperanza” (Apologeticum, 39,1). ¿Qué encuentro en Puerto Rico? ¿Qué encuentro en esta Iglesia? Esperanza. Una Iglesia que proclama el Evangelio de la esperanza. Como dice san Agustín “es sólo la esperanza la que nos hace propiamente cristianos” (san Agustín, La ciudad de Dios, 6,9,5). “Hasta el momento de morir —añade san Agustín— no hay nadie que no nutra una cierta esperanza” (Sermón, 313). Un mundo de injusticias es un mundo de desesperanza. Un mundo de desgarros, de exclusiones, de rupturas, de descartes, de nuevos y viejos colonialismos transhumanistas, es un mundo de desesperanza. La mirada del cristianismo siempre es doble: mira a los ojos a cada una de las personas y mira a la humanidad, lo particular y lo universal en tensión de presencia. Un mundo de injusticias antropológicas, económicas, sociales, culturales es un mundo que limita el futuro. En expresión de Julián Marías: “La persona es una realidad proyectiva, futuriza, que escapa al presente y lo trasciende... por ser proyectivo, todo lo personal es primariamente futuro...”. No es éste el momento de profundizar en el contexto de una cita de san Ignacio de Antioquía, que encontré un día leyendo la revista Sal Terrae, y que dice que el cristianismo no es una obra de persuasión, sino de grandeza. La edición de Daniel Ruiz Bueno de esta frase de la Carta a los Romanos, 3, 3 dice: “Cuando el cristianismo es odiado por el mundo, la hazaña que le cumple realizar no es mostrar elocuencia de palabra, sino grandeza de alma”. El 27 de marzo de 2020, durante aquel momento extraordinario de oración en la Plaza de San Pedro, el papa Francisco dijo: Este es el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

19 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio Y añadió: No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. Mi propuesta está en la línea de los mensajes del papa Francisco en dos direcciones: La primera es sugerir una dirección, algunas claves y directrices para reconstruir un mundo mejor que podría nacer de esta crisis de la humanidad desde el Evangelio de la Esperanza. El segundo objetivo es sembrar esperanza en medio de tanto sufrimiento y desconcierto. El papa basa claramente esta esperanza en la fe, “porque con Dios la vida nunca muere”. Quizá tendríamos que remontarnos al inicio de este siglo para darnos cuenta que nos hemos instalado en la incertidumbre, no solo histórica, 11 de septiembre de 2001, 11 de marzo de 2004, crisis económica de 2008 (Ahí tuvo una respuesta en la Cáritas in Veritates; guerras presentes…) Las personas llevamos mal la incertidumbre, buscamos seguridades. Uno de los aspectos claves de nuestra época es “La necesidad de futuro”. Cuando hablamos de futuro hablamos de nuestra capacidad de idear escenarios, de estar preparados. El proyecto de la Iglesia no ha cambiado: construir el reino, hacer presente a Jesucristo, ayer, hoy y siempre. Permitidme que haga una breve referencia a la Iglesia y la sociedad en la que yo vivo, la europea. El estudioso de las religiones Jean-François Colosimo ha predicho que, en diez años, en Europa y en América, serán más los que, a la pregunta sobre la pertenencia religiosa, respondan que “ninguna” que los que digan que son católicos, protestantes o de otra confesión. De hecho, ya se puede afirmar esto de algunos países europeos. anatomía de la esperanza, antropología de la esperanza

20 actas del xii congreso católicos y vida pública Durante años se han analizado a fondo los procesos de secularización de las sociedades contemporáneas. Quienes profetizaron el fin de la religión, por causa, entre otros factores, de la modernidad o la ciencia, a estas alturas confiesan en su gran mayoría que se equivocaron. Otra cuestión es la relación que existe entre secularización y descristianización, dos conceptos que habitualmente se usan como sinónimos, pero que deben diferenciarse. El proceso de descristianización no se ha detenido con el fin de la secularización, o con sus estertores, con lo que estamos en un escenario en el que hay que mirar también a las dinámicas internas en la Iglesia o a los efectos que tiene reducir, por ejemplo, el hecho cristiano a una mera ética. Los parámetros vitales “del cuerpo eclesial muestran señales preocupantes”. Estos parámetros son, entre otros, el descenso de bautizos y matrimonios, la crisis de vocaciones sacerdotales y de la vida consagrada o la pérdida de influencia de la Iglesia en las sociedades. Un ejemplo, el sociólogo francés J. Fourquet plantea que hay una descristianización que está llevando a la “fase terminal” de la religión católica en Francia: “Si se confirma esta tendencia, se calcula (claramente como perspectiva) que en 2048 podría hacerse el último bautizo, y en 2031, el último matrimonio católico. Podría producirse incluso la desaparición por completo de los sacerdotes franceses en 2044”. Oliver Roy afirma que nuestra época es la de las religiones disociadas de la cultura, o dicho de otro modo, una época de “desculturación” de las religiones históricas que en el pasado participaron de una relación consolidada y creativa entre fe y cultura. A. Riccardi escribe en su libro “La Iglesia arde” (Arpa ediciones) que: estamos en una época en la que el cristianismo histórico presenta señales de declive, pero la religión evoluciona a través de nuevas de reciente aparición e intenta responder a las preguntas de mujeres y hombres desorientados en un escenario global o en el marco del nuevo urbanismo. La pregunta sobre el futuro del cristianismo en las sociedades plurales es un lugar común en las investigaciones histórico-sociológicas sobre el fenómeno religioso global. En el mundo cultural, intelectual

21 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio y académico italiano, y en no menor medida en el anglosajón, no son infrecuentes los estudios que analizan cuál es la situación del cristianismo en la actualidad y cuáles las condiciones de su viabilidad futura. Teniendo en cuenta que el futuro del cristianismo, al margen de consideraciones teológicas, depende de una trama de respuestas, testimonios, historias, la pregunta versa sobre la relevancia de la fe y de la Iglesia, sobre su capacidad de leer el mundo y de ofrecer una adecuada respuesta. El cristianismo, por tanto, entre la agonía y el resurgimiento. La ruptura con la memoria y herencias cristianas conlleva el abandono de la esperanza —bien decía san Juan de la Cruz: “la esperanza en la memoria”—, y un latente miedo ante el futuro. Más que esperar y querer el mañana se teme el provenir, por eso mismo la persona se hace incapaz de tomar opciones definitivas en su existencia, se vive fragmentariamente, en una división en la que la soledad e individualismo conducen a un inexorable decaimiento y desaparición de la solidaridad. El oscurecimiento de la esperanza hace que el hombre se sienta solo, no querido, y lejos del deseo expresado por san Agustín: “Sea tu Dios tu esperanza”. La causa y raíz de esta situación “está en el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo”; que es lo mismo que afirmar que la humanidad se vacía por dentro. El teólogo J. M. Rovira la definía como la “cultura del Gran Vacío” y A. Glucksmann: “la tercera muerte de Dios”; en expresión del recordado J. L. Ruíz de la Peña: “Eclipse de Dios, crisis del hombre”, y “El lado oscuro de nuestra cultura”. Pascal escribió que “Dios es sensible al corazón” y también aquello de “Non intratar in veritatem nisi per caritatem”, es decir “sólo se adentra uno en la verdad por el amor”, que ha sido recordado por Scheler, con su “Ordo caritatis”, y por Heidegger en “Ser y tiempo”. Un ejemplo de la desvirtuación de lo sagrado, que todo ser creado lleva dentro de sí, es la nueva versión sincretística de carácter gnóstico que tiene su expresión cultural en formas pseudorreligiosas, musicales, artísticas y plásticas que adquiere nueva fuerza en movimientos como anatomía de la esperanza, antropología de la esperanza

22 actas del xii congreso católicos y vida pública la New Age y que tanto llegaron a preocupar a K. Barth para quien la gnosis encierra al hombre y lo separa de Dios. El gnóstico, por medio del conocimiento-iluminación, se siente un ser que participa de la naturaleza de Dios, es naturaliter divino. M. B. Blondel escribía, a este propósito, acertadamente: “[...] El hombre aspira a ser dios. El dilema es este: ser dios sin Dios y contra Dios, o ser dios por Dios y con Dios”. La esperanza que se abre a la trascendencia deja al yo abierto a la libertad liberada, a la gracia, y no expuesto al engañoso peligro de encontrar el conocimiento y la salvación en uno mismo. El haber relegado la pregunta ¿qué sentido tiene la vida?, como cuestión filosófico-religiosa, a la esfera de lo privado e íntimo acompaña la pretensión de lo que Luc Ferry llama el advenimiento del “Hombre-Dios”. En el nivel de la transmisión del Evangelio de la Esperanza, quisiera apuntar un par de cuestiones. La primera es la necesidad de comunicar para generar confianza. No sé si ustedes han tenido la oportunidad de echar un vistazo a un “filósofo” que está de moda, David Pastor Vico, cuyos libros de más éxito son Filosofía para desconfiados y Ética para desconfiados. Que conste que leyendo el primero se me ocurrió escribir un libro Cristianismo para desconfiados. A su vez relaciono lo que voy a decir con el libro de Eduardo Vara, Érase una vez en ti cerebro: Cómo y por qué disfrutas tanto con algunas historias, (Ariel, Barcelona, 2022). Persuadir para generar confianza porque quizá la confianza sea uno de los temas de nuestro tiempo. La confianza es saber que el otro hará lo que esperas que haga. Ya saben lo que dijo Lenin: “La confianza es buena, el control es mejor”. Robert Spaemann tiene un magnífico ensayo sobre la confianza publicado en la revista Empresa y Humanismo. Está en Internet. Se lo recomiendo. Dice allí que lo que hemos aprendido es la desconfianza, no la confianza. No voy a profundizar en esta cuestión, solo apuntar que quizá una tarea hoy de la persuasión de la propuesta cristiana sea la de generar confianza en un mundo de desconfianza. Y en este sentido, un medio privilegiado para generar confianza sea el de narrar y contar historias.

23 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio Algunas cuestiones últimas que solo planteo que creo tienen que ver con “predicar persuasivamente la belleza del cristianismo”. La primera es la cuestión de la verdad, siempre compleja. Cada vez me interpela más lo que Benedicto XVI dijo a quienes participamos en el Sínodo diocesano de Madrid durante una audiencia a los participantes: “el primer deber de la caridad es comunicar la verdad”. Una frase, de esas que parece que se cuelan, así como así, pero que después marcan un tiempo. Cristo vino al mundo como testigo de la verdad. Quizá sea el momento de reflexionar, en relación con el testimonio de la verdad, sobre la parresía. Parresía como medio para generar confianza. Como nos recuerda el jesuita Enrico Cattaneo en un texto reciente de La Civiltà Cattolica, [...] el filósofo Michel Foucault define la parrēsía como “franqueza, apertura de corazón, apertura de palabra, apertura de lenguaje, libertad de palabra”. Pero no se trata de decir lo que se quiere de la forma que se quiere, porque la parrēsía es por naturaleza una actitud ética, en cuanto aquello que se tiene que decir se dice “porque es necesario, porque es útil, porque es verdadero”. Por tanto, la parrēsía está ligada a la verdad y al bien, y ello excluye de ella la calumnia, la difamación, la desinformación, mientras que sí se admite la sátira. Segunda, quizá el problema de comunicación del pensamiento cristiano no lo es de comunicación, ni siquiera de información, sino de cultura y de pensamiento, de la carencia de grupos de acción y de pensamiento que ejerzan un liderazgo en la sociedad, y que trasparenten ejemplaridad. Y hablando de comunicación y liderazgo por ejemplaridad, un principio básico de la gestión del liderazgo afirma que no se puede comunicar bien si no se dirige bien. El liderazgo implica serenidad, planificación, cercanía, carisma. Persuadir implica trasparencia, claridad, confianza. La Buena Nueva de la esperanza no es una solución mágica a los problemas de una sociedad desesperanzada, espiritual y culturalmente. Para muchos la crisis interna de la Iglesia, la crisis del cristianismo es tan honda que solo una nueva evangelización puede ofrecer un futuro y esperanza a una sociedad para que no experimente “una derrota irremediable”. anatomía de la esperanza, antropología de la esperanza

24 actas del xii congreso católicos y vida pública Por cierto, tengo claro que Dios se sirve de esas crisis precisamente para derribar los ídolos que nos construimos: vivir para el rol, el activismo, la necesidad de resultados, la santidad como impecabilidad, la seguridad, ante todo, el éxito profesional, la imagen ante un público… no olvidemos que la fe apela a la profundidad de la existencia. Vivir con hondura las realidades que tejen la dimensión de lo humano —la amistad, la paternidad, la maternidad, la filiación, el trabajo, la sexualidad, el matrimonio—. Se configura como el cauce por el que la gracia perfecciona la naturaleza, pero sin suplirla. De otro modo no hablaríamos sino de magia. Afrontamos un océano (el nuevo tiempo) —señala J. Guitton— para el cual no contamos ni con barcos ni con velas, aunque debemos seguir el camino pues, como advierte la Carta a Diogneto: “Quien, con temor, adquiere el conocimiento y desea la vida, planta sobre la esperanza y aguarda el fruto (Cf. J. Guitton, Riferimenti per il domani, en: Ogni giorno che Dios manda in terra. Conversación con Philippe Guyard, Mondadori, Milano 1997, 121-172). De hecho, los grandes signos de la esperanza han surgido ya en el ámbito intraeclesial. Han surgido siempre en la historia de la Iglesia y no sé si los hemos querido ver. Por ejemplo, los mártires y testigos de la fe cristiana, fieles al consejo de la Doctrina de los Apóstoles: “Pon todas estas cosas en tu espíritu, y no te olvidarás de tu esperanza, sino que llegarás por estos santos combates a la corona”, confirman lo que Tertuliano constataba en una iglesia de mártires: “La Iglesia está alterada por el estupor y el temor; es en este momento de lucha cuando la fe es más solícita... en oraciones y en humildad, en diligencia y en amor, en santidad y sobriedad, pues nadie la distrae del temor y de la esperanza”. Por ejemplo, la santidad de los santos de la puerta de al lado, especialmente de los sencillos, la vida en las parroquias y en los movimientos eclesiales, los esfuerzos ecuménicos, los elementos unificadores como es la herencia de la Biblia, común para todos los pueblos, y el monacato, espacio en el que se custodian los valores religiosos y morales y se establece un ordo que va más allá de las opciones políticas.

25 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio La Iglesia peregrina con la certeza que solo aceptando en la vida personal y social la concepción de la persona que se revela en Jesucristo en palabras del Concilio Vaticano II: “realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado... y manifiesta el hombre al propio hombre” se descubre la grandeza de ser criatura, hechura de las Manos de Dios, y reconoce, como ya daba a conocer Sófocles en Antígona, que existen leyes no escritas que desvelan el misterio del hombre y nos abren a la dimensión religiosa. De igual modo san Ireneo, a fines del Siglo II, a las inspiraciones que el Espíritu Santo coloca en nuestro corazón las denominó consilia bona; y no lejos del pagano Sófocles y del cristiano san Ireneo se situaban, entre otros, los estoicos, hoy tan de moda, con una honda reflexión sobre la condición humana —lo que éstos dicen del Logos, san Ireneo lo refiere al Logos encarnado—. Mas, lo decisivo es lo que nos dejó escrito san Ignacio de Antioquía: en toda criatura “hay esperanza de conversión para alcanzar a Dios”. “A la gente no le mueve un discurso, sino el impacto que produce una presencia”. En este sentido permítanme un momento, digamos de crítica a un determinado cristianismo, que no es mero cristianismo. Para que me entienda voy a tomar un ejemplo de la historia: las relaciones entre Kierkegaard y el obispo luterano Mynster. Dice el filósofo danés que “Mynster –además de permanecer en la cúspide y tener bajo su mano —‘el orden establecido’— intenta convertirse en democrático y va del brazo de los periodistas, que son los aduladores de la masa…”. Y añado otra cita de Kierkegaard: A veces, cuando pienso en el obispo Mynster, me sobrecoge la angustia y el miedo por él. Ahora tiene 72 años ¡Pronto comparecerá ante … el juicio! Y cuánto mal le ha hecho al cristianismo al darle una apariencia engañosa ¡Para poder gobernar! Sus predicaciones son pasables, pero en la eternidad no deberá predicar: deberá ser … ¡juzgado! anatomía de la esperanza, antropología de la esperanza

26 actas del xii congreso católicos y vida pública Mysnter ra el exponente de la cristiandad, ese cristianismo burgués, sociológico, cultural, en el que los obispos son al fin y al cabo funcionarios, actores del poder social. Mynster es el exponente del que denominaba Kierkegaard el “orden establecido”, lo contrario de ser un “Testigo de la verdad”. Me gusta mucho S. Ignacio de Antioquía (que eclesiología más preciosa en sus cartas). Pero en la carta a los romanos (III,2) dice algo que medito muchas veces: “Cuando el cristianismo es odiado por el mundo, la hazaña que le cumple realizar no es mostrar elocuencia de palabra, sino grandeza de alma”. Vuelvo a la adoración del 27 de marzo del 2020. Allí el papa Francisco nos enseñó que orar significa: • Escuchar, dejar que lo que estamos viviendo nos preocupe, afrontar el viento y el silencio, la oscuridad y la lluvia, permitir que las sirenas de las ambulancias nos turben; • reconocer que no somos autosuficientes y, por tanto, encomendarnos a Dios; contemplar el Cuerpo del Señor para ser permeados por su modo de obrar, dialogar con Él para acoger, acompañar y sostener, como Él hizo; • aprender de Jesús a tomar la cruz y abrazar junto a Él los sufrimientos de muchos; imitarlo en nuestra fragilidad para que, a través de nuestra debilidad, la salvación entre en el mundo; • y mirar a María, “Salud de su Pueblo y Estrella del mar tempestuoso”, y pedirle que nos enseñe a decir “sí” cada día y a ser disponibles concreta y generosamente. Y con el más grande de nuestros poetas, san Juan de la Cruz, podemos estar seguros que “con esta buena esperanza / que de arriba les venía / el tedio de sus trabajos / más leve se les hacía...”. Porque —como bellamente expresó san Ireneo— “y confirma la raíz de toda esperanza: Jamás escapa Adán a las manos de Dios”. Ah y como dijo el teólogo ortodoxo Evdokimov, “sabemos dónde está la Iglesia, pero no sabemos dónde no está”.

El sínodo sobre la sinodalidad: comunicación, participación y misión Oscar Cardenal Rodríguez Maradiaga, S.D.B. arzobispo emérito de Tegucigalpa, Honduras Como dijo el doctor Serrano Oceja en su magnífica exposición, venir a la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico es venir a casa, así me siento y agradezco mucho la invitación. El sínodo, dentro de esta conferencia de católicos en la vida pública, es llamarnos para que la Iglesia entienda que estamos, no para estar encerrados, sino para ser una Iglesia en salida, como nos dijo el papa Francisco. Y organizar la esperanza para la comunión y la participación también es genial. Les agradezco, ¿por qué? Porque desde hace 45 años, la conferencia de Puebla toma como el tema para aplicar la exhortación postsinodal comunión y participación, desde Puebla y valdría la pena, los que tal vez ya la tienen muy empolvadita, por allá en los anaqueles, que vuelvan a leerla y van a encontrar una actualidad increíble. Por algo el papa Francisco escogió esa temática para el sínodo, o sea, no estamos fuera de puesto, estamos dentro de este camino, esta experiencia sinodal. Muy importante, y me encanta encontrar a mis hermanos obispos de Puerto Rico, también con nuestro patriarca, porque así le llamamos a monseñor, no solo por su barba tan venerable, sino por toda la animación eclesial. También hemos estado allí juntos en el sínodo. Desde el año 2015, cuando al conmemorar los 50 años de la institución del sínodo de los obispos, el papa Francisco pronunció un importante discurso retomando el espíritu de Vaticano II y del magisterio nos dijo esto: El mundo en que vivimos, en el que estamos llamados a amar y servir, también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión.

28 actas del xii congreso católicos y vida pública Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. No es entonces un tema más, es el tema. Así que vamos a ver rápidamente el camino recorrido. La reflexión del Concilio Vaticano II sobre la colegialidad de los obispos puede considerarse como punto de partida. En el diálogo conciliar fue madurando la idea de asociar a algunos obispos al ministerio universal del romano pontífice, a manera de un organismo que expresara la solicitud de los obispos por las necesidades del pueblo de Dios. Fue así que san Pablo VI, el 15 de septiembre de 1965, publicó el motu proprio Apostólica sollicitudo por el cual instituyó el sínodo de los obispos y en 1967 un específico ordo synodi. Benedicto XVI publicó después un nuevo ordo synodi el 29 de septiembre del 2006. El papa Francisco, ese 15 de septiembre de 2018, publicó la constitución apostólica Episcopalis communio con una parte más doctrinal sobre el sínodo de los obispos y otra parte que recoge la normativa para la realización de las asambleas del sínodo. Es importante leer este documento para comprender el sentido eclesial que el papa Francisco le da al sínodo de los obispos y las consecuencias que deduce en la manera de celebrarlo. Recogiendo y desarrollando la eclesiología del Vaticano II, quiere que los sínodos de los obispos sean un ejercicio de colegialidad al servicio del santo pueblo fiel de Dios y la escucha de ese pueblo. Este sínodo de obispos, fíjense, del 2021 al 2024, primera novedad porque todos tenían 1 año más o menos, es una concreta realización de esas orientaciones que él nos dio en Episcopalis communio. Como muy bien lo sabemos, el sínodo tiene como contenido temático Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión y tal como está propuesto, ya es un ejercicio de sinodalidad en el tema. La preparación directa comenzó ofreciendo en los cuatro primeros números una brevísima síntesis de lo que es el camino sinodal. El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Esa es la razón del tema. La sinodalidad nos repite a la esencia misma de la Iglesia, orientada a la evangelización. Desde la unidad, en la pluralidad está llamada a ponerse en camino. No hay tiempo para una iglesia sentada, aburrida, pasiva, para nada. Es Iglesia en camino. El sínodo de los obispos es el punto de convergencia del dinamismo de la escucha recíproca en el Espíritu Santo, llevado a todos los ámbitos de la vida de la Iglesia.

29 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio Y nos vamos a detener después en este, que es un tema central, la escucha. Desde una teología de la Iglesia local el proceso sinodal pleno existirá si se implican en él las iglesias particulares y las diócesis. Y yo me estoy preocupando un poco porque, a pesar de mis 81 años, todavía me pusieron como padre sinodal, y estoy viendo una pasividad en muchas iglesias particulares. Tengo que decirlo, espero que Puerto Rico no sea así porque se nos dijo claramente al clausurar la primera sesión, no perdamos los 11 meses que nos faltan para la otra, porque ya pasó noviembre, diciembre y enero estamos casi ya a la mitad de febrero y en algunas diócesis, pasividad y sueño. Entonces eso no se vale porque, la próxima sesión, no es simplemente bueno, nos reunimos un mes antes a ver qué pasó, tiene que haber vida en las diócesis y en las parroquias, sobre todo en estos meses, de lo contrario vamos a ir a mentir a la otra sesión. Y lo que tenemos que llevar es ese documento de síntesis que salió en octubre cuando terminamos. Eso tiene que venir a la base y de la base dar una retroactividad para la sesión siguiente. Por eso entonces apremia y me encanta que hayan escogido esa temática. Camino sinodal significa entonces discernimiento y búsqueda de la voluntad de Dios, no solo a título personal, sino como comunidad cristiana, conforme a aquella bella sugerencia de san Juan Crisóstomo, la Iglesia tiene un nombre, el nombre es sínodo. No podemos ignorar y olvidar que el papa Francisco proviene de un camino de aplicación del Concilio Vaticano II, con sabor latinoamericano. La segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano del CELAM, celebrada en 1968 en Medellín y las siguientes en Puebla 1979, Santo Domingo 1992, Aparecida, 2007. Como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Jorge Bergoglio participó en la conferencia de Aparecida y fue elegido presidente de la comisión de redacción del documento final del cual este servidor fue miembro. O sea, desde Medellín y Aparecida la opción preferencial por los pobres ha sido constante. Para la teología misionera de Aparecida, la evangelización, es la comunicación de la vida plena en Cristo, o sea, el sínodo sobre la sinodalidad tiene antecedentes latinoamericanos, claro que sí. Además, el CELAM celebró la primera asamblea eclesial que fue un proceso pionero e innovador en la Iglesia. La primera asamblea eclesial promovida por el santo padre Francisco, cuyo encuentro presencial y virtual, que tuvo lugar en noviembre del 2021 y permitió poner en evidencia las prioridades de la agenda el sínodo sobre la sinodalidad: comunicación, participación y misión

30 actas del xii congreso católicos y vida pública pendiente, vigente desde el acontecimiento de Aparecida y que se ha enriquecido con los procesos posteriores. Asimismo, mediante la escucha y el discernimiento, esboza propuestas para encaminarse hasta acciones evangelizadoras y creativas. Es sinodalidad a todo nivel. ¿Y pensemos de dónde se sacaron eso? Bueno, en la asamblea del CELAM del 2019, en que tocó elegir la nueva directiva que concluyó recientemente, porque dura 4 años, allí se hizo una petición, hay que pedirle al papa otra Conferencia General del Episcopado Latinoamericano porque ya habían pasado 12 años después de Aparecida. Se hizo la petición y el papa dijo “No, no estamos maduros para una sexta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano porque Aparecida tiene muchas asignaturas pendientes todavía” y entonces dijo, “Imagínense algo distinto” y nos imaginamos la asamblea eclesial, que fue precisamente una participación única. Tenemos los datos por las computadoras. 70,000 personas participaron, jamás ha habido en la vida de la Iglesia una participación tan grande y participación activa, no de números, eh. Entonces esa asamblea eclesial no fue cualquier cosa. Abrió a la nueva frontera misionera digital que promovió la participación de los fieles en todos los niveles. Propuso la asamblea eclesial 41 desafíos y más de 200 propuestas pastorales que fueron recogidas en un documento hacia una iglesia sinodal en salida a las periferias. Nunca puede faltar la mala hierba en el cultivo de la viña del señor y entonces han surgido algunas malas hierbas contra la sinodalidad. Veamos brevemente algunas de esas fuerzas negativas que atentan contra la unidad del pueblo de Dios y el espíritu de la sinodalidad. Al final del mes de septiembre pasado, unos cardenales eméritos enviaron una carta al papa expresando sus dudas, dubia, entre las cuales estaba una sobre la afirmación, según la cual la sinodalidad no es una dimensión constitutiva de la Iglesia. De modo que la Iglesia sería sinodal por naturaleza. Ay señor, qué ignorancia de la historia. Si los primeros concilios son sínodos. Sínodos desde el primero en la historia de la Iglesia. Bueno, el santo padre respondió, yo creo que ustedes conocen las respuestas a esas famosas dubia, ¿verdad? el santo padre le respondió con mucha caridad. Si bien ustedes reconocen que la suprema y plena autoridad de la Iglesia es ejercitada, sea por el papa debido a su oficio, sea por el Colegio de los Obispos, junto con su cabeza, el romano pontífice,

31 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio Lumen Gentium 22. Sin embargo, con estos dubia ustedes mismos manifiestan su necesidad de participar, de opinar libremente, de colaborar, así están reclamando alguna forma de sinodalidad en el ejercicio de mi ministerio. Verdad, porque pobrecitos es que, cuando a veces los años pasan y esto se va llenando de pereza, no hay que escribir. Y mucho menos firmar lo que llaman dubia, mucho menos porque quedan en ridículo. ¿Perdón, verdad? Lo digo in camera caritatis, pero hay que decirlo, hay que decirlo. Otra mala hierba, otra fuerza sería el gnosticismo. Tan viejo como la historia de la Iglesia, pero que sigue latente en muchas partes. En la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, el papa nos pone en guardia y dice, El gnosticismo supone una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos. Esto puede ocurrir dentro de algunas comunidades de la Iglesia, absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan. Un sentimiento de separación de superioridad genera una insuperable distancia entre nosotros que poseemos una verdad superior y los otros, incapaces de acceder a este grado de iluminación. El señor Jesús bendice a los considerados marginados de su tiempo. La sinodalidad, cuando es auténtica, elimina las distancias y produce comunión, no la dificulta, muy importante que lo tengamos en cuenta por el tema que tenemos. Produce comunión no la dificulta. Hay otra de las malas hierbas, otro problema, sería una especie de endurecimiento farisaico antisinodal. Los fariseos en tiempos del señor Jesús rechazaban a todo aquel que no fuera fiel a la ley y a las tradiciones para formar comunidades cerradas que se llamaban a sí mismas el resto fiel de Israel. De hecho, su nombre significa los separados, es decir, los santos, la verdadera Comunidad de Israel, un estilo cerrado, pero ellos se creían los santos. Piensen que san Pablo, Pablo, Saulo de Tarso quiso ser fariseo porque quería ser santo. Ahora bien, un estilo cerrado endurece a las personas, no se puede caminar sinodalmente con esclerosis farisaica. En algunos lugares hemos visto una fobia al sínodo. Perdón que lo el sínodo sobre la sinodalidad: comunicación, participación y misión

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