110 actas del xii congreso católicos y vida pública que no hay reglas absolutas para estos delicados procesos alquímicos, que son de suyo intransferibles. Por eso conviene no condenar los caminos que pudiera tomar el prójimo y que pudieran parecer ajenos a la sensibilidad particular. Siempre y cuando den buenos frutos, son legítimos. Cada persona reacciona al éxtasis según su propio perfil espiritual. Pero, en la mayoría de los casos, el místico que logra asumir plenamente su teofanía (cosa que por cierto no todos logran), opta por reformar interiormente su propia alma y por culminar con actos concretos de solidaridad humana los altos dones recibidos, pues ya ve la existencia a una nueva luz sobrenatural. La fe o la intuición religiosa de antaño han dado paso a la certeza espiritual. Ya el místico no duda; ni siquiera cree, sino que sabe. Y se sabe armonizado al fin con su propia existencia, lo que le permite vivir esta nueva estancia nupcial como un estado de profunda armonización con el universo entero: por eso la llamo “la morada de la reconciliación”. Una de las lecciones más hermosas de este estado unitivo místico es precisamente este sentimiento de amor avasallante y conciliador que el contemplativo siente por todos los seres. Ese es uno de los “síntomas” principales que lo deja saber que ha comenzado a entender la experiencia mística y a colocarla en el centro mismo de su ser. Comprende, de primera mano, que la creación está inextricablemente unida en el seno de la Esencia Divina, donde se armoniza. Al alma le acontece la capacidad de convertir su experiencia cotidiana en servicio a los demás; por lo tanto, en teofanía actualizada. Lo supo bien John Donne cuando vio el universo desde esta óptica unificada: don’t ask for whom the bell tolls: it tolls for thee. La vara por la que todo comienza a medirse en esta nueva etapa espiritual es la compasión. Una compasión sin fisura posible. El cosmos se ha teñido de una nueva luz trascendida, y al fin se entiende a fondo la fórmula de san Juan de la Cruz: donde no haya amor, ponga amor, y sacará amor. Incluso cuando no se saque amor, ya el contemplativo no podría dejar de ponerlo. El amor es la mejor recompensa del Amor. En esta feliz morada de la reconciliación al alma ha hecho la paz con el mundo y sabe que cada experiencia constituye una oportunidad de aprendizaje, porque todo tiene su explicación en Dios. El místico nos da noticia de que se está moviendo en un universo redimido —es
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