109 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio Ese instante unitivo sobrenatural suele dar paso a un periodo introspectivo prolongado. Curiosamente, advierte la santa que [...] en llegando aquí el alma, todos los arrobamientos se le quitan” (Moradas VII, 3, 12) o se dan solo de manera muy ocasional. Pienso que Dios lo decide así para dar al alma un espacio en el que pueda reflexionar con sosiego acerca del inmenso don recibido. De ahí que el “matrimonio espiritual” que Teresa celebra en las séptimas moradas de su famoso tratado místico no es otra cosa que la plena aceptación y compromiso para con estas vivencias sobrenaturales que cambian el camino del alma para siempre. Si no se asume la experiencia a cabalidad, no se pasa a esta morada última, que la santa considera, con gran acierto, nupcial. Ya no es necesario que haya más revelaciones místicas (propias de la “vía iluminativa” que cantan los poetas); aquí lo que toca al contemplativo es abrazarlas y comprender a plenitud su verdadero provecho, y hacerlo suyo de manera práctica. Como la Madre Reformadora dejó dicho, hay quienes tienen la experiencia y luego se separan de ella o no la exploran: esas almas, dice, son a manera de dos velas, cuyos cabos de fuego se unen momentáneamente, pero luego se pueden separar. Muy distinto es el caso de los que asumen la unión con Dios para siempre, que es posible comparar, sugiere la santa, a la lluvia que cae en el río o a la luz que entra desde distintas ventanas a una misma habitación: ya es imposible separar el agua o la luz originales del conjunto inextricable que producen tras su abrazo: forman ahora un cuerpo de agua íntegro; una iluminación unificada sin fragmentación posible. El primer caso, que santa Teresa ejemplifica con las velas unidas momentáneamente, es el de los esponsales, propio de lo que se prometen en matrimonio, pero que aún pueden romper su pacto; el segundo caso es el del matrimonio, que ya es para siempre. A continuación acontece el estado nupcial con el Todo, que lleva implícita la dicha de ser una morada permanente. Una morada llena de lecciones renovadas, sobre todo, en el orden de la reconciliación con el universo creado. Cada espiritual reacciona a la experiencia del éxtasis unitivo “según su modo y caudal de espíritu”, por decirlo con palabras de san Juan de la Cruz. Ya sabemos que “a otras personas será por otra forma” (Moradas VII, 2), como riposta a su vez Santa Teresa, que también aconseja que quien haya tenido la vivencia del Todo debe traerla “muy presente de ordinario” en su alma (Moradas VI, 5). Los maestros espirituales saben místicos y contemplativos al servicio de la vida pública
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