Actas XII Católicos y Vida Pública |Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión

120 actas del xii congreso católicos y vida pública Ambos contemplativos sintieron pues que después de su periodo de contemplación prolongada, les tocaba expresar de manera pragmática la unión con Dios ayudando a las comunidades pobres de sus respectivos países. Pero el servicio no siempre se expresa en términos de redención social, como ocurrió con santa Teresa de Calcuta. A veces toma un cariz inesperado porque también se sirve a Dios y al prójimo con la escritura. Así lo llegó a entender Cardenal. Una tarde, estando ya en Solentiname, sintió la urgencia de escribir sus poemas pese a que, al aislarse escribiendo, en esos momentos dejaría de ayudar en la pesca a los jóvenes de su comunidad. Me confesó por carta que se sentía culpable haciendo algo ajeno al activismo práctico que había sido el móvil principal de la fundación de su comunidad religiosa. Me tocó consolarle recordándole que tocaría muchas más almas con sus escritos que pescando en las islas del archipiélago con los miembros de su comunidad. Hace mucho que Solentiname dejó de ser; pero los libros de Ernesto seguirán recorriendo el mundo, aliviando almas y ayudando a construir una mejor Nicaragua hasta mucho después de su muerte. Servimos a Dios y a los demás desde nuestros propios dones o talentos, por modestos que sean. Y Cardenal era mejor poeta que pescador. Por fortuna, todos compartimos hoy el camino espiritual de los dos contemplativos, Merton y Cardenal, porque ambos tuvieron la generosidad de ponerlo por escrito. A muchos extrañará que incluya en estas páginas el caso de Dag Hammarskjöld, que fuera Secretario General de la ONU en la segunda mitad del siglo pasado. Pero el diplomático es ejemplo señero de un espiritual que decide dedicar su vida al servicio de la humanidad después de su experiencia iluminativa. Hammarskjöld fue galardonado póstumamente con el Nobel de la Paz tras su extraña muerte en un accidente aéreo cuando sobrevolaba Zambia en 1961. (Curioso paralelo con la suerte final de Merton, quien también había incursionado en la política para protestar la Guerra de Vietnam.) La labor del diplomático estuvo jalonada de grandes retos: la Guerra de Corea, el problema del Canal de Suez, la intervención rusa en Hungría, entre otros. Para todos constituyó pues una gran sorpresa saber que este servidor público, afable pero reservado, que vivió célibe toda su vida, hubiera mantenido una bitácora secreta sobre su peregrinaje espiritual.

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