Actas XII Católicos y Vida Pública |Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión

117 lmaí sptri oc op us eysct oa nctrei smtpi al antai va on st ea l os es rdvei scai of í do es ldae vuind am puúnbdloi cean c a m b i o fueras santo / o con madera de santo / santos he tenido demasiados / te escogí para variar” (p. 47). Cardenal reitera sus reflexiones místicas en su autobiografía, Vida perdida, que reescribe a Lucas (9:24): “el que pierda su vida por mí, la salvará”4. Allí asegura sin ambages que ha vivido siempre a la luz del alto don místico recibido. Ya en los Versos del pluriverso (2005), el poeta se une a los grandes cantores del universo estrellado como Boecio, fray Luis de León y Dante, pero expresa su avasallante nostalgia de Dios con el lenguaje de la Termodinámica y la astrofísica de Einstein, Feynman, Wheeler y Heisenberg. Con este novedoso lenguaje cuántico, Cardenal pone al día la expresión literaria de la vivencia mística. Aún conservo sus últimos poemas cosmológicos, que me iba enviando inéditos hasta poco antes de fallecer. Thomas Merton, sin duda el contemplativo más importante de Norteamérica, fue el maestro espiritual de Cardenal en la Trapa de Kentucky. Ernesto siempre asumió que Merton no habría experimentado el éxtasis, ya que nunca hablaba de ello. Sin embargo, este mostró asombro cuando Cardenal le confiesa su rapto místico, como nos admite en su Vida perdida: Noté en su rostro cómo le impresionó cuando yo le relataba aquel placer que parecía sin límites. Y me reclamó que por qué no le había contado eso antes. Le dije que porque él nunca me había preguntado por esas cosas. Me dijo que saber eso le era muy importante; que yo había sido siempre una incógnita para él […]. No entendía cómo yo podía haber renunciado a la poesía tan fácilmente, y estaba siempre feliz, sin ningún conflicto espiritual, ni angustias ni crisis de ninguna clase. Y que ahora ya entendía por qué5. Pero Merton sí había experimentado a su vez la unión transformante, y había dado cuenta de ello en Entering the Silence. Becoming a Monk and a Writer6. Ocurrió en la misa votiva de Nuestra 4 Cito por la edición de Seix Barral, Barcelona (1999). 5 Cardenal 1999: 92. 6 Cf. Merton 1996. Fue mi hermana Clara Eugenia quien me alertó al pasaje místico de Merton, y Ernesto y yo pudimos descubrir el dato a tiempo para que formara parte de los testimonios de la Vida perdida, donde el poeta narra la escena con asombro. En fax del 18 de septiembre de 1997 Cardenal me comenta el texto encontrado de Merton: «Bellísima la descripción que hace Merton de su experiencia. Tendré que modificar lo que yo dije [en el borrador de la Vida perdida] al respecto. Y trataré de conseguir ese libro [Entering the Silence]. ¿Se haya en Puerto Rico?». Traduzco al español de la versión original inglesa de Merton.

RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=