Actas XII Católicos y Vida Pública |Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión

116 actas del xii congreso católicos y vida pública de dos místicos que, tras haber vivido ambos la experiencia del éxtasis, deciden cambiar el rumbo de sus vidas para servir al prójimo de manera más directa. Se trata de Thomas Merton y Ernesto Cardenal, que coinciden en la Trapa de Getsemaní en Kentucky en los años sesenta del siglo pasado. La introspección contemplativa comienza para el poeta nicaraguense en dicho monasterio trapense, en el que ingresa después de una conversión espiritual que pone fin a una vida que él mismo describe como disipada1. Admite que los poemas que escribió allí constituyen “un testimonio de la poesía indecible de aquellos días, que fueron los más felices de mi vida”2. Ya en su Vida en el amor, Ernesto, de temperamento amoroso, afirma que se ha unido “al inventor de las caricias, de la voluptuosidad y de la poesía” (p. 102)3: [El alma] ahora en agonía, ahogada en un océano de deleite insoportable […] exclama: ¡Basta! ¡Basta ya!, no me hagas gozar más [..] que me muero! Penetrada de una dulzura tan intensa que se vuele dolor, un dolor indecible, como algo agridulce pero que fuera infinitamente amargo e infinitamente dulce […] pero cuando ese segundo ha pasado […] encuentra que todos los gozos de la tierra han quedado desvanecidos, son “como estiércol” (skybala, “mierda”, como dice San Pablo) y ya no podrá jamás gozar en nada que no sea eso […] porque […] está loca de amor y de nostalgia por lo que ha probado […] (pp. 185 y ss.). Cardenal seguirá cantando al éxtasis transformante hasta el fin de su vida, desde su Cántico cósmico a su Telescopio en la noche oscura, donde fecha por primera vez la gracia mística, ocurrida un 2 de junio de 1956. La recibe con asombro e indefensión: “Así triunfal tú también entraste de pronto dentro de mí / y mi almita indefensa queriendo tapar sus vergüenzas…” (p. 67). Ningún místico se siente acreedor del éxtasis: “En la hamaca sentí que me decías / no te escogí porque 1 Oigamos directamente al poeta, que da fe de su vida de aquellos días de juventud que evocan los de un san Agustín, o un san Jerónimo, o aún un Thomas Merton. En México se dedica a “tragos, fiestas y borracheras” (Borgeson 1984: 49). Como estudiante en Madrid, otro tanto: era un estudiante becado que nunca asistía a la Universidad: “Cuando vine a Madrid, hace veintisiete años, era un poeta de vida bastante disipada. Un poeta que quería vivir la vida intensamente, aunque también equivocadamente, según lo descubrí después […]. Me dedicaba principalmente a beber con unos amigos en la calle Echegaray, en una taberna de la calle Válgame Dios y en otros lugares así. Algunas veces, en la mañana nos íbamos a tomar una cerveza para quitarnos “la goma”, como decimos en Nicaragua. Y después pasábamos a tomar algunos vinos y estábamos tomando vino hasta la noche. Era época de muchos enamoramientos, algunos muy profundos” (ibid.: 49-50). 2 Camacho de Schmidt 1986: 118. 3 El poeta justifica cuidadosamente su lenguaje erótico: “El amor humano tomó el lenguaje del amor místico, como dice Bergson, y no fue el amor místico el que tomó el lenguaje del amor humano” (Cardenal 1970/1996: 167).

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