91 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio consagración a la Verdad y con la Caridad como instrumento esencial de las relaciones internas. La instauración de esa presencia es algo que compete a todos, desde el primero al último de los universitarios, pero fundamentalmente a los órganos rectores, patronatos, equipos de gobierno, rectorado, decanatos, etc… Sin el liderazgo de estas instancias, sin su ejemplo moral, el intento de construir una comunidad cristiana universitaria será ilusorio más allá del pequeño cenáculo de iniciados. Por otra parte, es inimaginable el daño que causa en espíritus en formación —y una universidad es por definición un centro de espíritus en formación— la percepción de que no se intenta construir puentes sobre el foso que inevitablemente se abre entre los principios que fundamentan la existencia de una universidad católica y las realidades cotidianas. Por otra parte, no se nos puede ocultar hasta qué punto se ha deteriorado el concepto mismo de comunidad en el sistema universitario español, dominado ampliamente por las universidades públicas. En ese hecho reside la creciente dificultad de lo que ha dado en llamarse gobernanza universitaria, hoy motivo de arduos debates en todo tipo de foros de expertos y especialistas. La reconstrucción de la comunidad universitaria sobre sus bases primigenias cristianas puede ser una gran aportación de la universidad católica en esta hora al conjunto del sistema. Una comunidad genuinamente universitaria, incluso aquella que haya renunciado al reconocimiento de su raíz cristiana, sólo puede asentarse a través de la afirmación de la libertad, la justicia y la dignidad del hombre, y estos principios son insostenibles sin el respeto de la verdad, tal como expresaba san Juan Pablo II en la Constitución Apostólica sobre las Universidades Católicas Ex Corde Ecclesie de 1990: Ella [la universidad católica] comparte con todas las demás universidades aquel gaudium de veritate, tan caro a San Agustín, esto es, el gozo de buscar la verdad, de descubrirla y de comunicar en todos los campos del conocimiento. Su tarea privilegiada es la de «unificar existencialmente en el trabajo intelectual dos órdenes de realidades que muy a menudo se tiende a oponer como si fuesen antitéticas: la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de la verdad. la educación católica: entre la tradición y la innovación
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