Actas XII Católicos y Vida Pública |Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión

21 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio y académico italiano, y en no menor medida en el anglosajón, no son infrecuentes los estudios que analizan cuál es la situación del cristianismo en la actualidad y cuáles las condiciones de su viabilidad futura. Teniendo en cuenta que el futuro del cristianismo, al margen de consideraciones teológicas, depende de una trama de respuestas, testimonios, historias, la pregunta versa sobre la relevancia de la fe y de la Iglesia, sobre su capacidad de leer el mundo y de ofrecer una adecuada respuesta. El cristianismo, por tanto, entre la agonía y el resurgimiento. La ruptura con la memoria y herencias cristianas conlleva el abandono de la esperanza —bien decía san Juan de la Cruz: “la esperanza en la memoria”—, y un latente miedo ante el futuro. Más que esperar y querer el mañana se teme el provenir, por eso mismo la persona se hace incapaz de tomar opciones definitivas en su existencia, se vive fragmentariamente, en una división en la que la soledad e individualismo conducen a un inexorable decaimiento y desaparición de la solidaridad. El oscurecimiento de la esperanza hace que el hombre se sienta solo, no querido, y lejos del deseo expresado por san Agustín: “Sea tu Dios tu esperanza”. La causa y raíz de esta situación “está en el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo”; que es lo mismo que afirmar que la humanidad se vacía por dentro. El teólogo J. M. Rovira la definía como la “cultura del Gran Vacío” y A. Glucksmann: “la tercera muerte de Dios”; en expresión del recordado J. L. Ruíz de la Peña: “Eclipse de Dios, crisis del hombre”, y “El lado oscuro de nuestra cultura”. Pascal escribió que “Dios es sensible al corazón” y también aquello de “Non intratar in veritatem nisi per caritatem”, es decir “sólo se adentra uno en la verdad por el amor”, que ha sido recordado por Scheler, con su “Ordo caritatis”, y por Heidegger en “Ser y tiempo”. Un ejemplo de la desvirtuación de lo sagrado, que todo ser creado lleva dentro de sí, es la nueva versión sincretística de carácter gnóstico que tiene su expresión cultural en formas pseudorreligiosas, musicales, artísticas y plásticas que adquiere nueva fuerza en movimientos como anatomía de la esperanza, antropología de la esperanza

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