Actas XII Católicos y Vida Pública |Organizar la esperanza para la comunión, la participación y la misión

18 actas del xii congreso católicos y vida pública Hoy voy a proponer que reparar la injusticia que mina de raíz la salud de la humanidad significa que “los cristianos que —como escribe Tertuliano— formamos un cuerpo por la conciencia de una misma religión, estamos unidos por el ligamen de una única esperanza” (Apologeticum, 39,1). ¿Qué encuentro en Puerto Rico? ¿Qué encuentro en esta Iglesia? Esperanza. Una Iglesia que proclama el Evangelio de la esperanza. Como dice san Agustín “es sólo la esperanza la que nos hace propiamente cristianos” (san Agustín, La ciudad de Dios, 6,9,5). “Hasta el momento de morir —añade san Agustín— no hay nadie que no nutra una cierta esperanza” (Sermón, 313). Un mundo de injusticias es un mundo de desesperanza. Un mundo de desgarros, de exclusiones, de rupturas, de descartes, de nuevos y viejos colonialismos transhumanistas, es un mundo de desesperanza. La mirada del cristianismo siempre es doble: mira a los ojos a cada una de las personas y mira a la humanidad, lo particular y lo universal en tensión de presencia. Un mundo de injusticias antropológicas, económicas, sociales, culturales es un mundo que limita el futuro. En expresión de Julián Marías: “La persona es una realidad proyectiva, futuriza, que escapa al presente y lo trasciende... por ser proyectivo, todo lo personal es primariamente futuro...”. No es éste el momento de profundizar en el contexto de una cita de san Ignacio de Antioquía, que encontré un día leyendo la revista Sal Terrae, y que dice que el cristianismo no es una obra de persuasión, sino de grandeza. La edición de Daniel Ruiz Bueno de esta frase de la Carta a los Romanos, 3, 3 dice: “Cuando el cristianismo es odiado por el mundo, la hazaña que le cumple realizar no es mostrar elocuencia de palabra, sino grandeza de alma”. El 27 de marzo de 2020, durante aquel momento extraordinario de oración en la Plaza de San Pedro, el papa Francisco dijo: Este es el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

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