Revista Horizontes: primavera/otoño 2011 | Año LIV Núms. 104-105

15 que tiene su existencia, pues por sobre todas las cosas su mirada es siempre límpida en su vocación de ser poeta. Por eso, afirma que en sus versos se revela el espacio abierto en su alma. Su libertad se juega la vida a su transparencia originaria. La poesía constituye el instrumento divino que la conduce a esa Alteridad. En esos versos ella es: “viril destello de humana verdad”, “es la vida, la fuerza, la mujer” que se da en su “limpio sentir” y en su “limpio pensar”. Y ese “yo soy” que reitera en cada planteamiento es la naturaleza misma de su libertad, pues se reconoce estandarte más allá de las comunes entendederas de su época. Alude principalmente al carácter demoledor que la dominación ejerce en el ser humano y se rebela ante él para posicionarse en el dinamismo puro de su existencia sencilla. Mira a horizontes infinitos que sobrepasan a la racionalidad patriarcal y la sitúan en el espacio abierto de su alteridad sin cadenas: Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no; yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos en mi limpio sentir y en mi pensar me doy. Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no; a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol. Tú eres dama casera, resignada, sumisa, atada a los prejuicios de los hombres; yo no; que yo soy Rocinante corriendo desbocado olfateando horizontes de justicia de Dios. Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes, el cura, la modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo y el infierno, y el qué dirán social. En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo. La mujer se levanta de las amarras de su yugo para repudiar el egoísmo, la frivolidad, la apariencia, la hipocresía y sobre todo la dominancia. Descarta para ella posiciones fijas de la mujer en las que no se le halle como persona, sino como juguete decorativo en el entramado social. Inventa un espacio libre en el que el viento le riza el pelo y el sol la pinta, pues reconoce la puerilidad de las imposiciones a las que se le someten. El poema entero propone una ruptura con las estructuras ideológicas a las que ella está adscrita, para afirmarse como una mujer en cuya alma habita el espíritu de Dios. Por tal naturaleza, reconoce que el sitial al que se le somete en la sociedad patriarcal descarta la sacralidad que ella posee, y por la cual no estará dispuesta a subyugarse. Esa decisión del pronunciarse como un “estoy” separado de los condicionamientos de lo ya establecido le pertenece al exceso que la visita más allá de la razón. Por eso ella es “Rocinante corriendo desbocado/olfateando horizontes de justicia de Dios”. Más allá de saberse “imagen” de Dios otorgada por el cariz de su origen, decide ser también “semejanza”; por eso: “vislumbra la participación de su espíritu en la creación divina del mundo” 20 Se da una kénosis en la grieta entre el mundo de la mujer y la del hombre. En este caso, la mujer se convierte en la verdadera paradoja de la sabiduría en la que se ve humillada la soberbia de los hombres. Aquí, la mujer despreciada y humillada por los dictados patriarcales se revela como el eslabón entre el ser y el Misterio. Ella ostenta el lenguaje de la humildad. Por eso, la Julia incontaminada, libre, en su sencillo mirar atestigua el extraordinario Misterio inconmensurable de la gloria. Es importante señalar que en este poema lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro, van juntos. La lucha de Julia es con Julia misma. En ella habitan las dos. Reconoce que puede ser arcilla de la repetición, como puede ser una inauguración constante lejos del enclaustramiento de lo ya dicho. La lucha será perpetua. Balthasar ya lo decía al explicar que: “Es, desde luego, muy difícil mantener a la vez ambas dimensiones: la dimensión del acontecimiento trascendente, que irrumpe desde afuera, y la dimensión de una situación inmanente, ligada a la estructura.” 21 El teólogo también afirma que se nos pide lo difícil. Para Julia, vivir será una eterna lucha para equilibrar los contrarios. Y, en su caso, constituirá un acto de genuino altruismo, pues ella no sólo fue mujer, sino también pobre y mulata en un mundo de seducciones y prejuicios perteneciente al ámbito masculino, blanco y burgués. Otro poema en el que se alude a la kénosis y al kairos en el enfrentamiento de la mujer a este mundo de hombres es “Yo misma fui mi ruta”. 22 Comienza el poema reconociendo su tendencia a caer en repeticiones. Percibe cómo, casi sin proponérselo, se van internalizando y asimilando conductas aprendidas y juicios categóricos como verdades absolutas sin pensar demasiado en que éstas atentan en su raíz a los dictados profundos del corazón. Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese; un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Sin embargo, pronto se dará cuenta que no quiere ser “un intento de vida”. Asume su incompatibilidad con las tradiciones del mundo y continúa diciendo: Pero yo estaba hecha de presentes, y mis pies planos sobre la tierra promisoria no resistían caminar hacia atrás, y seguían adelante, adelante, burlando las cenizas para alcanzar el beso de los senderos nuevos. Para ella la realidad no es ya la sombra de lo que fue, sino la luz de lo que está en marcha. Su tiempo es presente, desnudo de vestimentas viejas, listo para realizarse desde el espacio que invoca a su trascendencia. Dice Adolph Gesché que “la verdadera presencia de Dios consiste en abrirnos hacia el futuro de nosotros mismos”. 23 Julia, por esa misma fuerza sobrenatural que clama en todos sus versos, se niega a ser

RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=