109 vida religiosa y espiritualidad en puerto rico No obstante, muchos encuestados expresaron, como ya señaló el papa Francisco, que la misa presencial no puede ser reemplazada. Durante la pandemia del COVID-19, el cardenal Robert Sarah (2020) circuló una carta titulada ¡Volvamos con alegría a la Eucaristía! Donde aseguró: “la comunidad cristiana no ha buscado nunca el aislamiento”. A la pregunta de las encuestas (2024) “¿Cómo prefieres vivir la misa? ¿Presencial o virtual? ¿Por qué?”, un grupo minoritario indicó que no opta por ningún tipo, ni presencial, ni virtual. No asisten a ninguna modalidad. Un sector asegura que, aunque prefieren la presencial, después de la pandemia descubrieron el valor de lo virtual, especialmente para casos particulares como alguna enfermedad, edad avanzada, viajes, u otra situación que impida la asistencia presencial. Se abren a esa posibilidad de valorar lo virtual, al nivel de lo presencial, pero solo en casos extremos. La mayoría (casi un 90%) prefiere celebrar la misa de forma presencial. Las respuestas hacen referencia a cuatro razones para preferir la misa de forma presencial: 1. Aseguran que sienten ‘más cerca la presencia de Dios’, que ‘la conexión es mayor’. Esta experiencia permite un encuentro verdadero para los encuestados. Como menciona una respuesta: ‘La misa la prefiero presencial. Ya que en ella puedo ver y sentir a ese Dios en su cuerpo, sangre, alma y divinidad, presente en el altar’ (Respuesta 1). Otro encuestado señalaba lo siguiente: ‘La misa se celebra de forma presencial. Solo de forma presencial se puede vivir el sacrificio de amor que Jesus hizo por nosotros. No hay otra forma de vivirla’ (Respuesta 2). ‘La misa siempre debe ser de manera presencial en todo momento porque si no cómo vamos a recibir el cuerpo de Cristo’ (Respuesta 3). Para estas personas, lo esencial es establecer una conexión mediante ciertos rituales. En las misas presenciales pueden comulgar, cumplir con la comunión y recibir el cuerpo de Cristo. Resulta interesante que las personas hablan del “cuerpo de Cristo”, pero no hablan de la sangre de Cristo. En todo caso, aquellos pocos que se refieren a la sangre, le adjudican al cuerpo preeminencia. Parece que en esta perspectiva existe una comprensión dualista entre Cristo y la Eucaristía como elementos separados.
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