116 pontificia universidad católica de puerto rico Debemos añadir que los encuestados afirman que los pasados acontecimientos sociales recientes, como la pandemia del COVID-19, no han debilitado sus creencias religiosas, sino que, por el contrario, las han fortalecido. De este modo, no se puede hablar de un debilitamiento general de los hábitos religiosos. Desde esta perspectiva, se observa un fortalecimiento, aunque esta misma solidez no se manifiesta en los hábitos sociales y educativos. Este desarrollo religioso parece ser limitarse al ámbito espiritual. Tanto adultos mayores como jóvenes otorgan más importancia a los hábitos religiosos que a su formación educativa y a su labor social. Se trata, por tanto, de una fortaleza espiritual e institucional sin un correlato formativo ni un vínculo significativo con el otro. En otras palabras, se advierte una preocupación para sostener y alimentar la relación con lo trascendente y la vida espiritual, pero sin mediación formativa ni compromiso con los demás. Esta falta de formación se manifiesta de cierta manera, y parcialmente, en las ideas que los encuestados construyen de Dios, muchas de ellas pasajeras y no necesariamente surgidas de la experiencia, sino de un mercado de significados. Este elemento podría estar asociado a la creciente influencia del protestantismo en nuestra sociedad y, por consiguiente, en las bases de las parroquias. No se puede descartar la posibilidad de que la ausencia de formación en los hábitos educativos y sociales sea una de las causas por las cuales la feligresía se aleje de la institución que la articula como comunidad. La hipótesis de que la falta de formación y educación conduzca a que el individuo se sienta distanciado de la Iglesia, deberá ser profundizada en futuras investigaciones. Las investigaciones futuras deben continuar separando las variables entre aquellas vinculadas a lo espiritual y a lo religioso. Este trabajo confirma, en efecto, la importancia de separar en el análisis el elemento religioso y espiritual, como recomendaban Zwingman, Klein y Büssing (2011). La religión y la espiritualidad se han desplegado como dimensiones separadas en los hábitos de los católicos, un fenómeno común en Occidente. Ello subraya, además, la importancia de distinguir los hábitos religiosos y los sociales y educativos como una vía para profundizar en la comprensión de la variable religiosa.
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