34 actas del ix congreso católicos y vida pública ¿cómo las sociedades occidentales han actuado frente a la violencia? Nosotros hemos creído que, si encontramos al culpable, al agresor lo denunciamos y lo castigamos, eso es suficiente, pero eso es un error. No es que esto no sea necesario, claro que es necesario encontrar al culpable, detenerlo en su agresión, evitar que continúe agrediendo a los demás, violentando y vulnerando a los demás, pero no es suficiente y vamos a ver cómo la narrativa nos los dice. En Occidente nosotros empleamos muchos recursos en la búsqueda del culpable y no en la ayuda del vulnerable, de la víctima. Nos preocupamos en preguntarnos quién es el culpable, de dónde viene, en dónde vive, cuál es su origen y tenemos incluso una tendencia a pensar que el culpable es otro, el diferente, el que tiene otra opinión, el extranjero y el de otro grupo social o de otra etnia. Caemos en eso en el Occidente y eso tiene una consecuencia. Hemos hecho de la culpabilidad lo único grave, lo único terrible. Nos hemos olvidado de quién ha sufrido la violencia y sus heridas, como sugiere Adolphe Gesché en su libro El mal: Dios para pensar I. Aquí, entra la parábola del Buen Samaritano, parábola también paradigmática de qué hacer al seguir los pasos de Jesús ante un acto de violencia. Una buena noticia de Jesús es que se nos abre un nuevo camino, aparte va a ser una modificación del relato de Caín y Abel, un nuevo camino, otra alternativa frente a la violencia que sufre el hombre. Me enfocaré en los personajes de la parábola porque nos van a decir muchísimo en esta lectura de teología. los ladrones y los asaltantes Estos no son el centro de la parábola, a diferencia del relato de Caín y Abel en el que Caín, el agresor, es el centro junto a Dios que es otro personaje. Ahora que ya hay una transformación, hay un cambio, ya ellos no son el centro de la parábola, hay un desplazamiento importante, la prioridad ahora no es la identificación de los agresores o violentos, como tampoco niega la realidad de los agresores o violentos y de que haya que detenerlos, pero ya no son el centro de la parábola, no son el centro de la narrativa y eso, teológicamente hablando, dice mucho en un espacio como este. No es que no identifique la violencia,
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