35 conflicto, reconciliación y hermandad lo que está diciendo es que eso es necesario, pero no suficiente. Identificar al violento todavía no instaura la verdadera lucha contra la violencia. Porque si nos enfocamos solamente en los ladrones, en los asaltantes, en el agresor ocurriría una falta de reconocimiento de la víctima, y cuando uso la palabra reconocimiento no la utilizo en las características de la dialéctica del amo y del esclavo como lo entiende Friedrich Hegel, sino como lo entiende el reconocimiento del filósofo francés Paul Ricoeur en su libro Parcours de la reconnaissance, el reconocimiento al otro como una valía de su dignidad, como una valía de su persona. Como un sujeto que tiene verdaderas necesidades y que tiene también una vulnerabilidad, en ese sentido usó el término reconocimiento. El combate decisivo y decidido contra la violencia y contra el mal se centra precisamente en ese reconocimiento, en la ayuda a las víctimas. Reconociendo que el culpable, como Caín, no es un culpable absoluto en la versión cristiana, no existe un culpable como creemos muchas veces en Occidente. El culpable, como la víctima, está herido y necesita salvación también y eso lo vemos en los relatos con otros culpables, por ejemplo, el malhechor herido y crucificado allí al lado de Jesús, él no es un culpable absoluto. La mujer adúltera, el trato con delicadeza de Jesús a esa mujer muestra que no es una culpable absoluta, es una mujer herida igual que Saqueo y muchos otros. Vamos ahora con otro personaje que no está en el relato de Caín y Abel. los religiosos indiferentes Pasan de largo porque están centrados solamente en sus necesidades y planes. El papa comenta que lo único que les interesa es evitar problemas (FT 65). Estos religiosos indiferentes tenían un muro construido en su corazón que dejaba a las víctimas en la orilla del camino. Este muro les impide ver a la víctima. Es su propia concepción religiosa del culto a Dios que, abandonando lo que dicen los profetas, deja al que sufre de lado, son un sacerdote y un levita. Usando una expresión del papa Francisco: “El hecho de creer en Dios y de adorarlo no garantiza vivir como a Dios le agrada. Una persona de fe puede no ser fiel a todo lo que esa misma fe le reclama, y sin embargo, puede sentirse cerca de Dios y creerse con más dignidad que los demás” (FT 74).
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