20 actas del x congreso católicos y vida pública El europeo postmoderno asocia sin más “creencia en verdades objetivas, absolutos, etc.” con “intolerancia” (“las convicciones sobre la verdad absoluta son esencialmente violentas”, ha escrito Herbert Schnädelbach). Da, por supuesto, que si alguien cree firmemente en algo se sentirá obligado a imponerlo coactivamente a los demás. Romper esa falsa ecuación me parece una de las tareas culturales más urgentes del momento actual. Escribe al respecto Robert Spaemann: “[L]a Iglesia ha comprendido la verdad que le ha sido confiada como algo en cuya esencia está el que sólo puede abrazarse mediante la libre adhesión, por lo cual su anuncio no debe hacer peligrar la paz pública. Mas esto no obsta en nada el carácter absoluto que invoca para sí este anuncio. Hoy como ayer, la Iglesia sólo puede ver en el relativismo religioso un oponente enfrentado a su pretensión”. Claro está que si hago eso, ¿en qué terreno de juego me quedo? ¿Dónde me instalo? Como el vacío tiende a llenarse siempre, tengo que sustituir esa pretensión del hombre por tener, por hacer que exista él y su realidad con otra propuesta, que les anticipo está en la base cognitiva y social de lo políticamente correcto. Lo políticamente correcto debilita la verdad hasta diluirla convirtiéndose en alternativa acreditada de una nueva formulación de la verdad basada, entre otros factores, en el emotivismo y el relativismo. Pensemos que si decimos adiós a la verdad, lo que aparece es la posverdad. ¿Alguien se cree que con la posverdad viene una vida lograda, una vida buena, una vida plena? Richard Rorty formuló de forma precisa el principio epistemológico del posmodernismo: “la verdad no está allá fuera”. Estamos en una época en la que no podemos formular la verdad de un discurso —¿políticamente correcto?— en función de la realidad, de lo que se denomina lo objetivo. ¿Qué criterio vamos a utilizar si el viejo criterio de lo externo ya no nos vale? Pues aquí aparecen en escena los cuatro jinetes del apocalipsis, permítanme esta expresión: el desprestigio del pensamiento racional, el relativismo, el emotivismo y el pragmatismo. No dejan de decirnos que las grandes verdades sobre el hombre y la mujer, sobre el mundo,
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