39 hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos propuesta filosófica, se podría afirmar que el absoluto necesita a la historia en un proceso que le permita ir completándose a sí mismo. En el comienzo de la filosofía hegeliana se encuentra el espíritu —la idea o el absoluto—, que también podría identificarse con dios. El dios hegeliano curiosamente es un carente. En el origen, es esta carencia de dios la que lo empuja a generar la historia para poder perfeccionarse a sí mismo, llegando a la apoteosis final donde este espíritu lo sea todo en todas las cosas. No interesa en este momento entrar a fondo en una filosofía tan compleja como el hegelianismo. Pero sí es importante que veamos la transposición de esta filosofía hegeliana a los distintos universos ideológicos que han ido pergeñando el desarrollo del siglo XIX y XX. El motivo de ello es que estos universos ideológicos, fundamentalmente de matriz hegeliana, han quedado fascinados por esta propuesta e intentan otear las huellas que el absoluto ha dejado en la historia. En este sentido, los distintos universos ideológicos nos hablarán de los “sujetos absolutos”; es decir, de aquel ente donde el absoluto ha llegado a encarnarse con una vistosa relevancia en el escenario de la historia. Los sujetos absolutos más significativos son tres: el mercado, el estado o el partido, y la nación o la raza. Haciendo alusión a estos tres sujetos absolutos abarcamos, de alguna forma, todo el espectro ideológico: los liberalismos y neoliberalismos, que encuentran como sujeto absoluto primigenio al mercado; los marxismos o socialismos, para los cuales el sujeto absoluto es el estado o el partido; y también los fascismos y nazismos, que han encontrado en la nación o en la raza la explicitación de esos sujetos. El sujeto absoluto sería un ente que lo condiciona todo pero que, sin embargo, no está condicionado por nada. Por lo tanto, el sujeto absoluto aparece ante estos universos ideológicos como la expresión máxima de la racionalidad y de la suma libertad en medio de nuestra historia. Hay dos características fundamentales que definen a estos sujetos absolutos. En primer lugar, la dinámica identitaria. El sujeto absoluto tiende a totalizar el conjunto de la realidad y no soporta que haya restos de dicha realidad que queden fuera de sí. O de otro modo, soporta muy mal la diferencia y lo distinto; aquello que no se deja asimilar. Por eso, el sujeto absoluto, desde una cierta inercia violenta, tiende a fagocitar “la verdad os hará libres”: aproximación teológica a la libertad
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