40 actas del x congreso católicos y vida pública lo distinto y lo diferente para asimilarlo identitariamente a su sistema. Es curioso porque, dentro de estos parámetros ideológicos, la conciencia más preclara que puede alcanzar el hombre concreto existente es descubrir que sus intereses son aquellos del sujeto absoluto. Desde esta perspectiva, la libertad radicaría en que el ser humano concreto se asimilara a estos sujetos. En segundo lugar, otra característica que tienen estos sujetos absolutos es que se comportan como mecanismos de funcionamiento perfecto. Son una suerte de maquinarias donde las leyes del desenvolvimiento de la historia se han hecho claras a la conciencia y, por tanto, las distintas ideologías presumen conocer hacia dónde se encaminan nuestros esfuerzos históricos y cuál es el fin de la historia. No es extraño que estas ideologías, a lo largo del siglo XIX y XX, hayan entrevisto paraísos que, más pronto que tarde, se iban a alcanzar aquí en la tierra. El sujeto absoluto, como maquinaria del funcionamiento perfecto, se mueve con unas leyes de necesidad que se van a cumplir. Desde esta perspectiva, la necesidad es el verdadero nombre de la libertad; o de otro modo, la libertad es la necesidad que se determina a sí misma. antropología y libertad en el cristianismo: disposición de sí, relación, alteridad y creatividad Después de realizar brevemente una descripción de los modelos antropológicos hegemónicos que ha gestado la modernidad y que, a mi juicio, están vigentes en nuestras sociedades contemporáneas, vamos ahora a dar un tercer paso donde se pongan en diálogo dichas antropologías con la visión cristiana del ser humano, que es la persona. En el horizonte de comprensión cristiano de la realidad se da una sinonimia entre persona y libertad. Para el cristianismo, únicamente lo personal es libre y todo lo libre es personal. A continuación, se ofrecen los rasgos más significativos que posee la libertad dentro de la caracterización personal del ser humano. la libertad como disposición de sí Uno de los mayores teólogos del pasado siglo XX, H. de Lubac, decía que la modernidad había surgido de la exasperación y olvido del cristianismo original. Esta afirmación es muy interesante porque indica que únicamente es pensable la aventura moderna en una tierra que ha
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