41 hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos sido regada por el cristianismo, de tal suerte que entre modernidad y cristianismo hay muchos elementos concomitantes. Ahora bien, esa exasperación y olvido del cristianismo original, que ha gestado la modernidad, produce un trastoque de los centros de referencia, dando lugar a visiones contrastantes sobre una misma realidad. Para el cristianismo, la libertad es disponer de uno mismo y, también para la modernidad, la libertad es esta disposición de sí. De hecho, hay un mito fundante de la modernidad que es el mito de Prometeo: aquel titán, amigo de los dioses, que entra a hurtadillas al Olimpo para robar el fuego de la sabiduría y entregárselo al ser humano y, de esta manera, engrandecerlo, poniendo en sus manos el poder del progreso. La autonomía, que es un bien muy preciado, como nombre propio de la libertad, es la manera de entender esta disposición de sí. Ahora bien, desde el modelo antropológico hegemónico de la Ilustración, que es el individuo, disponer de sí se entiende como retención, reserva, autoconservación. Sin embargo, el cristianismo tiene una visión contrastante de esta cuestión: disponer de sí es entregarse. O de otra manera, si solamente se tiene aquello que se da, la libertad cristiana es donación. Para verter estos contenidos en una trama narrativa, propongo que atendamos brevemente a un relato precioso del evangelio de Marcos 12, 38-44: la viuda que echó en el arca de las ofrendas todo lo que tenía para vivir. Es una escena que acontece al final del evangelio de Marcos, donde la vida de Jesús alcanza su desenlace. Nos encontramos en la explanada del templo. Allí está Jesús con sus discípulos. Y el Maestro es capaz de captar aquello que pasa desapercibido para la distraída mirada de los suyos: esa mujer ha echado más que nadie, porque las personas que pasan han dado aquello que les sobra, mientras que esta mujer ha ofrecido todo lo que tenía para vivir. Jesús está retratando a esa mujer desde un acto eminente de libertad. Cuando una persona es capaz de dar todo lo que tiene, todo aquello que garantizaría la última de sus seguridades, está expresando de manera muy intensa que no es el dinero el que la posee, sino que es ella la que posee el dinero. Por lo tanto, este acto de desprendimiento la hace dueña y señora de su propio existir. “la verdad os hará libres”: aproximación teológica a la libertad
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