Actas X Católicos y Vida Pública | Hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos

42 actas del x congreso católicos y vida pública Es interesante este texto porque los exégetas afirman que Jesús ve en el gesto de desprendimiento de esta mujer una confirmación de su propio final; es decir, una especie de adelanto de aquello que está presto a suceder con los dolorosos acontecimientos del Viernes Santo en Jerusalén. Hay una frase, un tanto enigmática de Jesús, que encontramos en el capítulo 10,18 de san Juan. Jesús dice: “Nadie me quita la vida, soy yo el que la entrega”. Quizás podamos entender el significado profundo de esta afirmación desde lo que estamos diciendo: disponer de uno mismo es entregarse; por lo tanto, el gesto supremo de la libertad es la donación de la propia vida. Otro de los teólogos más significativos del pasado siglo XX, K. Rahner, decía que Jesús es el hombre que vive en el olvido de sí y que dispone de su vida existiendo en dicho olvido. Sería interpelante plantearse si, en el horizonte de predominio antropológico del individuo, con la exaltación de la búsqueda del propio interés, es posible una tal comprensión de la libertad. la libertad es relación Una segunda característica de la libertad cristiana es la relación. Reitero lo que decía con anterioridad a propósito del mito de la independencia. Desde este mito la libertad se entiende como soledad, a la manera de un cierto solipsismo, con la desvinculación que eso provoca con respecto al otro. Sin embargo, el cristianismo afirma que hay relaciones que nos hacen plenamente libres. Para intentar explicar estas ideas, me parece interesante la pareja de metáforas que utiliza el sociólogo y filósofo Z. Bauman cuando habla de la modernidad líquida, del sujeto liquidó y del amor líquido, especialmente en su obra Mundo consumo. Él nos invita a percibir el contraste entre “echar raíces” y “echar el ancla”. Son dos metáforas muy potentes. Echar raíces trae a nuestra retina la imagen del árbol que crece hacia abajo, en lo escondido, y que, por lo tanto, se afianza en la tierra. Curiosamente, no solo el árbol echando raíces se afianza en sí mismo a la tierra, sino que también le da a esa tierra sostén y solidez. Cuando encontramos zonas desérticas sin árboles, las tierras se resquebrajan y se mueven. Por lo tanto, la tierra es al árbol lo que el árbol es a la tierra. Sin embargo, la otra imagen contrasta con esta. Echar el ancla trae a nuestra retina la imagen del pequeño velero que

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