Actas X Católicos y Vida Pública | Hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos

52 actas del x congreso católicos y vida pública Y nos preguntaríamos, ¿qué perturbación puede producirnos hablar de libertad cuando la tenemos constantemente en nuestros labios? Más bien, parecería todo lo contrario. El adolescente que habita en nuestros lares, si algo reivindica es que sus padres, la escuela, la sociedad… no lo dejan ser libre; el periodista que tiene dificultades para escribir sobre determinados asuntos, dice que no le respetan su libertad de expresión; el profesor al que pretenden coartar en su programa de clase, sostiene que están atentando contra su libertad de cátedra; el preso que está en la cárcel cumpliendo una condena, lo que más desea es salir en libertad; las minorías que denuncian la falta de atención a sus necesidades o intereses por parte de una mayoría que las oprime, reclaman una libertad de espacios para poder decirse; y el sujeto que frente a todo resiste, está proclamando la existencia de un espacio no invadido por libre. Todas ellas son distintas manifestaciones de libertad difíciles de reducir a un significado común que las aúne. Pero, ¿qué hay por debajo de todas estas significaciones? La carga de moralidad de un término como libertad en el que aparecen convocados sentimientos, valores, emociones, experiencias que se abren a razones compartibles por los sujetos morales en una pretendida experiencia universalizable, a pesar de todas las dificultades para su ejercicio. De manera que si, como pretendemos, intentamos proponer un punto de vista moral para intentar acercarnos a la libertad, lo perturbador de una reflexión sobre ella es no solo la amplitud semántica que alberga y la complejidad que incluye. Lo más perturbador es la inquietud reflexiva, el reto de decirla, a sabiendas de que es uno de los términos que ocupan la centralidad del discurso moral. Convertida esta inquietud en problema moral por excelencia, la alternativa a desarrollar, como diría Paul Ricoeur, es entenderla como ‘algo-que-da-que-pensar’ aún a sabiendas de la inagotabilidad de su significado. de la perplejidad La otra sensación a la que quiero referirme, añade a este carácter perturbador de la palabra libertad —que entraña toda indagación sobre el sentido y el significado humano y humanizador de la libertad—, la perplejidad en la que nos sitúa la descarada postura de negación de la libertad por parte de unas ciencias neurocognitivas que reducen su discurso a ver la libertad y, en concreto, la denominada libertad

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