58 actas del x congreso católicos y vida pública hace falta castigar, basta la amenaza). Algunas de las llamadas libertades públicas, como por ej. la libertad de manifestación… son de este tipo. b.1.2 libertad civil o política, llamada también libertad positiva exterior tiene que ver con la capacidad de poder llevar a cabo lo que hemos elegido hacer. En este sentido, esta libertad puede ser eliminada (por ej. atarte de pies y manos suprimiría tu libertad exterior de movimientos…), o bien, puede ser reconducida, es decir, se puede conseguir que alguien haga algo en contra de su voluntad (por ej. hay una violencia de estado a través de un lavado de cerebro, de hipnosis, de miedo…). Aunque no siempre obrar en contra de la propia voluntad es ir en contra de nuestros propios deseos (por ej. el soldado que no desea ir a la batalla… y que, en consecuencia, preferiría tirar las armas e irse a casa… pero sabe que a los desertores se les fusila… y por eso se queda…). Este soldado no obra en contra de su voluntad; su acción, aunque coaccionada, se realiza con total libertad exterior. Carece de libertad negativa, pero no de libertad positiva exterior. b.2. libertad de querer, que es la que propiamente se denomina también libre albedrío o libertad positiva interior y que concierne a la volición, es decir, al acto de querer y no a la ejecución de dicho acto. Así, somos libres cuando no estamos determinados a elegir lo que elegimos, sino que, antes al contrario, está en nuestra mano elegir qué hacer y no solo hacer lo que hemos elegido. En este sentido, la libertad no puede ser impedida y, en realidad, es lo que queremos decir cuando hablamos de la inalienable dignidad del ser humano, pues nadie puede querer nuestro querer a pesar nuestro11. 11 Un texto de Anselmo de CANTORBERY que lo explicita con precisión. Dice así: “El hombre puede ser atado a pesar suyo, porque puede ser atado sin que quiera; puede ser torturado a pesar suyo, porque puede ser torturado sin que quiera; se le puede quitar la vida a pesar suyo, porque puede ser muerto sin que quiera; pero no puede querer a pesar suyo, porque no puede querer no queriendo querer. Pues todo el que quiere, quiere su propio querer” (Anselmo de Cantorbery, Sobre la Libertad del Albedrío en: Obras Completas, BAC, T.I y II, Madrid 1982, 565).
RkJQdWJsaXNoZXIy Mjg1NTM0OA==