60 actas del x congreso católicos y vida pública porque quiero. Porque ‘sabe’ que negando esta posibilidad al sujeto, el resto de las expresiones de la libertad convierte al sujeto moral en un autómata, al que se puede manejar desde fuera. el paradigma de la neuroética: historia de una ‘negación’ del libre albedrío Como ya conocemos, el estudio del cerebro a través de tecnologías por neuroimagen (resonancia magnética…) ha resultado determinante para el resurgir de un nuevo saber sobre el comportamiento humano en sus desarrollos que, en el caso del comportamiento moral, determina la aparición de un saber dedicado a dar cuenta de él. Ese saber no es otro que la neuroética. Esto explica que, desde sus inicios, las relaciones entre las ciencias neurocognitivas y la ética hayan sido constantes, pero no por ello menos controvertidas. Nacida en los albores del siglo XXI, la neuroética acoge en sí misma, casi desde sus inicios, dos ramas. Las denominadas como ética de la neurociencia y neurociencia de la ética. La primera denominación —ética de la neurociencia— en realidad es una nueva rama de ética aplicada dedicada a estudiar los posibles problemas éticos, junto con las cuestiones legales y sociales, que suscitaban la investigación del cerebro y las aplicaciones de la neurociencia14. En cambio, la neurociencia de la ética15 invierte la anterior relación de ser una rama de la ética aplicada, para proponerse como ciencia primera y última de toda actividad humana y, más en concreto, de 14 En la Conferencia Mundial sobre Neuroética, en 2002, en San Francisco, bajo los auspicios de la Fundación Dana, se acuñó el nombre de neuroética que tenía como objetivo el estudio de las cuestiones éticas, legales y sociales que surgen cuando los descubrimientos científicos acerca del cerebro se llevan a la práctica médica, a las interpretaciones legales —neuroderecho— y las políticas sanitarias y sociales. En concreto, se acotaron cinco campos de estudio: la cuestión de la autoconciencia y la identidad personal; las implicaciones sociales y legales; la aplicación ética a las investigaciones de las ciencias neurocognitivas y sus aplicaciones clínicas; la recepción pública de estas cuestiones; y los posibles derroteros de esta nueva disciplina. Todas ellas son explicitaciones de una ética normativa muy relacionada en lo tocante al ámbito legal de las aplicaciones con el neuroderecho. Creándose así una primera rama de la neuroética denominada como ética de la neurociencia. 15 La neurociencia de la ética es una ciencia ‘finalista’ que a través de tecnologías de neuroimagen, dedicadas a registrar la activación neuronal del cerebro, permiten identificar las áreas cerebrales que se activan con los procesos mentales. De manera que procesos mentales tan complejos como la empatía, la autoconciencia, la culpabilidad, la libertad, la responsabilidad, la alteridad… que resultan tan determinantes para llevar a cabo una vida personal autónoma, capaz de plantearse metas y de llevar a cabo un comportamiento social responsable resultan ‘explicables’ desde aquí. Son estas funciones ejecutivas las que permiten identificar la sede de la moralidad y situar en el córtex prefrontal, algo así, como el órgano de la civilización.
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