98 actas del xi congreso católicos y vida pública La ecología humana implica […] la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo». En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica, a veces sutil, de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma».33 2. la transmisión del legado cristiano en la iglesia primitiva En el Nuevo Testamento, especialmente en Hechos de los Apóstoles y las cartas de san Pablo, descubrimos la importancia que tiene la vida doméstica en el desarrollo de la evangelización y la vivencia del culto, específicamente de la eucaristía. Se evidencia que la liturgia cristiana se inició en las casas de las primeras familias que se convertían. En Hechos de los Apóstoles, encontramos, entre otros, los siguientes testimonios: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles […] partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.” (2, 46); “Y no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva de Cristo Jesús cada día en el Templo y por las casas” (5, 42). También en las cartas del apóstol Pablo encontramos testimonios de esa Iglesia doméstica que transmite la fe, llama especialmente la atención la II carta del apóstol Pablo a Timoteo: 33 LS 155.
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