97 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio "¡qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado... la expectativa de vida y su calidad.”30 Sin embargo, la ciencia y la tecnología, deben estar siempre al servicio de la vida humana y no al contrario; para lograr este cometido tienen que estar siempre iluminadas por la revelación de Dios. 1.7 la creación como la casa común y responsabilidad de todos Este cambio de época se distingue por la presencia de una conciencia ecológica que no conoce precedentes, pero a la vez ha llegado en algunos sectores a extremos irracionales donde el hombre se ha considerado uno más entre los seres de la creación, o incluso, un peligro absoluto para la misma. El legado cristiano nos enseña que el Señor “[...]creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signos de su bondad y de su belleza. También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos […] es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el creador.31 La mejor forma de respetar la naturaleza es promover una ecología humana abierta a la trascendencia que, respetando la persona y la familia, los ambientes y las ciudades, sigue la indicación paulina de recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre (cf. 1 Co 3, 21-23). El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las generaciones presentes y futuras.32 30 DA 123. 31 DA 125. 32 DA 126.
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