96 actas del xi congreso católicos y vida pública 1.5 el trabajo es humano y digno El cambio de época está marcado por un creciente materialismo. A las personas se les oferta todo tipo de cosas materiales. Al tener la imagen, las marcas seducen a los consumidores; esto genera el deseo de trabajar y trabajar para pagar cuanta cosa sea posible comprar. Por otro lado, hoy los empleos generan mucha competitividad. El hombre termina siendo esclavo del trabajo que agobia, estresa y cansa; muchas veces incluso se vuelve causa de crisis matrimoniales y familiares. En la belleza de la creación resplandece el sentido del trabajo como participación de la tarea creadora de Dios y como servicio a los hermanos y hermanas. Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra”, por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos. El trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre […] La salvaguardia del domingo, como día de descanso, de familia y culto al Señor, garantiza el equilibrio entre trabajo y reposo.28 1.6 la ciencia y la tecnología al servicio de la dignidad humana Los avances de la ciencia y de la tecnología han beneficiado mucho a la humanidad en este cambio de época, pero también la ciencia y la tecnología en algunas ocasiones han abusado de la investigación y del conocimiento generando tecnologías que ponen en riesgo la vida de la humanidad o su degradación. La fiebre por los avances de la ciencia y de la tecnología deslumbran a muchos hasta volverlos esclavos de ellas. Para el legado cristiano, la ciencia y la tecnología son fruto del ingenio creativo que Dios ha dado al hombre cuando desde el principio le mandó a “someter y dominar la tierra”29. Estas han permitido, para beneficio de la humanidad, “[...] una inmensa cantidad de bienes y valores culturales que han contribuido, entre otras cosas, a prolongar 28 DA 121. 29 Cfr. Gn 1, 28.
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