95 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.22 Los esposos, mediante el abrazo esponsal, disponen su sexualidad al servicio del amor. El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal no se agota dentro de la pareja […] Los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre.23 El don de la fecundidad responde al mandato del creador “sean fecundos y multiplíquense”24 y así es colaboración del acto creacional de Dios que es siempre permanente:25 La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida.26 El “don más excelente del matrimonio” es una persona humana [...] no puede ser considerado como un objeto de propiedad, porque eso supone el reconocimiento de un pretendido “derecho al hijo”. Solo el hijo posee verdaderos derechos: el de “ser fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción”.27 22 CIC 2233. 23 AL 165. 24 Gn 1, 28. 25 Cfr. MD 6. 26 CIC 1653. 27 CIC 2378. "¡qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado...
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