128 actas del xi congreso católicos y vida pública cultural y económico está liderado por la misión de “salir y hacer el bien” mejorando efectivamente la vida en las comunidades a las que sirven las universidades. En las ligas de clasificación mundial como la Times Higher Education hay 12 instituciones católicas, o de inspiración católica, situadas en el primer cuartil de la clasificación. La Federación Internacional de Universidades Católicas es muy consciente de que para que prospere la propuesta de valor específica de las universidades católicas que articula la distinguibilidad de un enfoque humanista cristiano específico de las realidades de la vida, la sociedad, la ciencia y la cultura, por un lado; y la heredabilidad reconocida de la tradición intelectual católica, por otro, las instituciones deben construir nuevas coaliciones de cooperación. Instituciones más fuertes, más cualificadas en la formación de sus recursos, verdaderamente conectadas con las realidades de las culturas en las que están insertas y colaboradoras en la implicación de la diferencia de los miembros de su comunidad, son susceptibles de sostener un mejor servicio a la sociedad y a la Iglesia. Solo mediante el desarrollo de “soluciones concretas y viables”, como el papa Francisco nos inspira a hacer, pueden las universidades que trabajan con las comunidades en las que están integradas, desarrollar en la futura generación de estudiantes la capacidad de aspirar, que es la quintaesencia para el desarrollo del talento. La propuesta de valor específica de las universidades católicas florece, no de boquilla por una especie de identidad reificada, sino por la práctica reiterada de la calidad en todo lo que hacemos: enseñanza, investigación y transferencia de conocimiento. Concluyo con una metáfora de nuestra particular propuesta de valor. En las universidades católicas nuestro rasgo distintivo no es la fábrica, sino el estudio. Del latín studium, el estudio connota práctica e inspección interior. Es en el estudio donde surge la novedad, pero es una novedad trabajada y reflexionada. El estudio es también un espacio experimental y de experimentación, donde el gesto artístico se ejercita, se repite, se borra, se rehace, se destruye y se reinicia hasta que el artista está satisfecho con la composición. Podría decirse que esta es una buena descripción de lo que hacen las universidades católicas.
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