133 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio En primer lugar, el principal objetivo del Estado debería ser el logro del bien común. El Estado tiene que ponerse al servicio de todas las personas para conseguir que las condiciones sociales de las que este es garante, sean las óptimas para permitir la plena realización de todos aquellos que conviven en la sociedad por él gobernada. La prioridad máxima del Estado será así, garantizar la cohesión, la unidad y la organización de la sociedad civil para permitir que esta pueda realmente resultar en beneficios para todas y cada una de las personas que la componen. Pero, como ya he indicado, el bien común no solo es responsabilidad del Estado. Todas las personas y todas las instituciones existentes en una sociedad tienen la obligación de colaborar en su logro: empresas, entidades financieras, asociaciones deportivas, gastronómicas, culturales o de ocio, las familias, grupos de amigos, credos religiosos, partidos políticos, fundaciones, etc. todas ellas tienen la obligación de contribuir a la construcción del bien común a través de sus propios fines y actividades. Para comprender un poco más el alcance de este bien común y poder ver su relación con la economía es necesario recordar los bienes que lo componen y facilitan la convivencia social. • En primer lugar, los bienes culturales que son expresión de las tradiciones, la manera de vivir, las costumbres y el resultado de la inteligencia aplicada a la convivencia social. • Los bienes materiales, que son imprescindibles para la supervivencia de las personas y para que estas puedan ser ellas mismas. Deben estar bien distribuidos para que nadie pierda su libertad y su capacidad de desarrollo debido a que no tiene lo suficiente para vivir con dignidad. • Por último, los bienes morales y éticos que proporcionan una serie de valores y virtudes que, vividos por la población, permiten una convivencia armónica y una potenciación del desarrollo personal y común de todos. Es evidente que los bienes que componen el bien común no se logran de una manera espontánea. El Estado (y la sociedad en su conjunto) deben mantener el orden público, porque en una sociedad en la que reinen el caos y la violencia difícilmente va a bien común y economía cristiana
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